jueves, 28 de marzo de 2019

Joker





-¡Por fin has llegado Batman, síiiiii! –exclamó el Guasón, alargando la última letra con un tono jocoso.

Elevó las manos en el aire, por encima de la cabeza y empezó a dar pequeños aplausos con la emoción del niño a quien su mamá le ha organizado la mejor fiesta de cumpleaños y el niño más popular de la escuela acaba de llegar.

El hombre murciélago se mantuvo impasible, sereno, estoico. Tal como era siempre. Miró hacia el resto de la gente. Ahí estaban todos reunidos, todos maniatados, atados a sillas plegables y con las bocas amordazadas con paliacates coloridos. Estaban el gobernador de Ciudad Gótica con sus dos hijas y su esposa, también estaba ahí el fiscal de distrito Harvey Dent (con una expresión aburrida en el rostro pero odio en unos ojos que no despegaba del Guasón), varios magnates de las grandes corporaciones de la ciudad junto con sus esposas o amantes y una docena más de personas influyentes.

martes, 26 de febrero de 2019

Ala de Dragón, ¡Fantasía Épica de verdad!

Ala de dragón by Margaret Weis
My rating: 5 of 5 stars

Si eres fanático de la literatura fantástica al estilo Tolkien o G.R.R. Martin, entonces no deberías leer este libro, o ninguno escrito por estas 2 geniales mujeres, ya puestos.

Antes de que te enojes conmigo, déjame explicarte a qué me refiero. Los libros de los autores que mencioné no son malos, pero sí son muy lentos y contienen muuuucha paja, demasiada diría yo. Pero cuando has leído poca fantasía, esto no importa, por que casi ni te das cuenta de ello.

lunes, 25 de febrero de 2019

Nunca ganaré un concurso literario.

Llegó un punto en mi incipiente carrera de escritor en que tuve que ser honesto conmigo mismo y reconocer que jamás ganaría un concurso literario, sin importar qué tan bien escribiera. ¿Y saben algo? Ese fue el momento en que por fin comencé a tener lectores y empecé a conocer gente que realmente apreciaba mi escritura y que eventualmente se volvieron mis amig@s.  


martes, 19 de febrero de 2019

¿Por qué escribí Fragmentos de una Sedición?

Esta historia jamás se la he contado a nadie, así que si estás leyendo, ve por unas palomitas, ponte tu pijama favorita y prepárate para conocer una anécdota que tiene ya 12 años de antigua. 

Fragmentos de una Sedición es el nombre de la primer novela que escribí en mi vida.

viernes, 15 de febrero de 2019

La Conspiración de los Qirsi (Rules of Ascension)








La Conspiración de los Qirsi by David B. Coe
My rating: 5 of 5 stars

Si alguna vez has pensado que juego de tronos es bueno, es porque este libro no cayó en tus manos, imagina que todo lo que pasa en 3 libros y medio de Juego, aquí pasa en un solo libro y te deja deseando por más.

-Jorge Balderas


Es inaudito que un libro de esta calidad no sea muchísimo más reconocido. Tiene todo lo que alguien pueda pedir en un libro de fantasía:

jueves, 14 de febrero de 2019

El mejor libro de zombies que he leído!


El cuarto jinete
by Víctor Blázquez
My rating: 5 of 5 stars

En cuanto al tema de Zombies se refiere, el cuarto Jinete de Víctor es lo mejor que he visto no sólo en libros, sino también en cine, series y cómics. En definitiva un libro obligado para quienes amamos el género.

Eso sí, no esperes ver aquí a zombies lentos y tranquilos. Este libro no es apto para cardíacos, lo prometo.

martes, 12 de febrero de 2019

Mi vida como superhéroe


Durante mi adolescencia, mis días en la universidad y todavía en los primeros años de mi vida adulta, ser escritor, para mí fue similar a la experiencia de llevar una vida como superhéroe. 


Tienes que dormir tarde, robarle horas al sueño, y encima de eso, despertar antes de que haya luz en las calles para ir al trabajo. Tienes que desarrollar nuevos métodos para robarle minutos a la hora de la comida, duermes en posiciones imposibles en el transporte público antes de llegar al trabajo, y al salir, de camino al gimnasio, en un titánico esfuerzo por recuperar unos pocos minutos de esas horas de sueño que le robaste a Morfeo la noche anterior.

lunes, 11 de febrero de 2019

Mi experiencia con la publicidad de Facebook (Parte 2)

La estrategia cambia



Hola nuevamente! Voy a empezar esta entrada justo donde dejé la primera parte. En el momento en que dejé de pensar sólo en mis libros, y en la venta de ellos, y comencé a ocuparme en crear una página de Facebook que fuera rica en contenidos, atractiva y entretenida para el usuario medio. 



Que no fuera simplemente el escaparate de mis libros. Y aquí fue donde en retrospectiva comencé a hacer las cosas bien. 

viernes, 8 de febrero de 2019

La Noche de la Luna Roja (2)



La Oscuridad descendió sobre la Ciudad.

En los noticiarios no atinaban a explicar qué había pasado. Para cuando la policía fue notificada, ya era demasiado tarde. Las víctimas ya habían muerto, o desaparecido. Aunque se rumoreaba que no habían desaparecido, al menos no del todo, sino que se escondían, que ocultaban algo que les avergonzaba.

Lo que se conocía era esto. Algún tipo de criatura, no se sabía a ciencia cierta si era alguna especie de animal mutado o si era una persona trastornada, con una fuerza descomunal y disfrazada, había causado una ola de asesinatos en la ciudad hacía 2 noches. Había videos, pero estos no ayudaban mucho, en la mayoría de ellos había poca iluminación, y además de haber sido grabados con celular, el movimiento frenético de las imágenes, causado por el pánico de quienes grababan, daban como resultado videos difusos y poco esclarecedores.

jueves, 7 de febrero de 2019

Mi experiencia con la publicidad de Facebook (Parte 1)

Mi experiencia con la publicidad de Facebook

O cómo hacer que una página llegue a los primeros 1,000 likes





El día finalmente llegó, mi primer libro estaba listo para ser publicado con una editorial, y la presentación del mismo en público era inminente.

miércoles, 6 de febrero de 2019

A Short Love Story (3)



El hombre escuchó los ruidos provenientes de la cocina, en el piso de abajo. Probablemente de nuevo su hijo había venido a revisar que todo estuviera bien. Dejó el libro sobre el buró, y se levantó de la cama con un intenso dolor de espalda y piernas. A esa edad, era bueno que algo doliera; sentir dolor significaba que uno aún estaba vivo.

Aunque estar vivo sin ella era prácticamente como ser un cascarón vacío y sin alma. Se puso rápidamente los zapatos, y bajó al encuentro de su hijo, quien lo recibió en cuanto entró a la sala.

martes, 5 de febrero de 2019

La Noche de la Luna Roja



Ellos no tienen ni puta idea.

Piensan que unas cadenas bien empotradas a la pared y un sótano profundo con puerta de acero son suficientes para detener a la Bestia.

Ellos no saben cómo es; ninguno de ellos lo comprende.

viernes, 1 de febrero de 2019

El reto de los 28 días

Estoy seguro que puedo escribir una página de una novela al día, ya lo he hecho; pero nunca me he probado a mí mismo en esta área, publicando diariamente en un blog.


jueves, 31 de enero de 2019

Todos los Inadaptados. Capítulo 2

El niño Solitario


 Durante un mes salieron.


            Todos los días de ese mes vivieron encapsulados en una burbuja de felicidad y pasión. Pasaban mañanas enteras en los parques, ocasionalmente iban a museos y prácticamente a diario visitaban los cines y las plazas donde estos se hallaban, a veces miraban la película entera sin dirigirse la palabra, y otras parecían un monstruo simbiótico, con los brazos y piernas entrelazadas y los labios estrujándose al borde de la desesperación, anhelantemente.

Todos los Inadaptados

Primera Parte - Presentaciones 


Lucas.


El sonido acompasado de las gotas golpeando contra el domo de la sala, fuera de la habitación donde estaban ellos, llegó como un lejano y apagado murmullo hasta los oídos de Lucas. Cassandra, o Cassie como le gustaba que la llamasen, no vestía nada más aparte de la diminuta tanga roja que se marcaba sobre su piel que parecía hecha de la arena más nívea y fina que pudiera existir, enrojeciéndola y resaltando así la palidez del resto de su piel. La chica yacía tendida al borde de la cama, mientras que su furtivo amante, se encontraba recargado contra la base de ésta, con un cigarrillo en los labios y el brazo de ella rodeándole el pecho.

jueves, 10 de enero de 2019

El miedo irracional a que te lean gratis.

Hace unos días, navegando por la comunidad de escritores de Amazon Kdp, una especie de foro donde los escritores independientes podemos dejar preguntas, me encontré con la pregunta de un aspirante a escritor que me llamó mucho la atención.

Yo no sabía si era porque este hombre era nuevo en la plataforma, o si tenía desconfianza de los préstamos digitales o si simplemente era corto de miras. Bueno, la cuestión es que esta persona preguntaba realmente enojado si servía de algo que la gente que compra tu ebook pudiera prestarlo durante un periodo de 14 días a alguno de sus contactos. Le molestaba que un tercero accediera a su obra gracias a un préstamo.

martes, 8 de enero de 2019

Ni un día mas















Hoy es el día en que puedes tomar una de las siguientes 2 decisiones. HOY, no mañana, ni el siguiente mes, ni cuando esperes para hacer tus propósitos de año nuevo.

Puedes decidir acumular dinero, hacerte mas rico de lo que eras ayer, tener cientos de amistades falsas, fiestear cada fin y jamás sentirte solo; y el día en que mueras simplemente serás olvidado.

O puedes decidir convertirte en alguien a quien los nietos de tus hijos recuerden; alguien que deje un legado para las generaciones venideras.

Pero debo advertirte: si tomas el segundo camino, vivirás en la incertidumbre de no saber cuándo llegará el dinero, tendrás pocos amigos (pero verdaderos), sacrificarás fiestas y fines de semana.
Si recorres este camino no te quedarás con la chica, (al menos no hasta que conozcas a La Mujer Idónea), porque la mayoría de ellas estarán en las fiestas, antros y bares a los que tú no asistirás por convertirte en la mejor versión posible de ti mismo.

Habrá momentos en los que te sentirás -y estarás- desesperadamente solo.

Pero al final del camino podrás mirar atrás y verás que has afilado tu mente y mejorado tu cuerpo, te has convertido en algo más, algo mejor, mientras los demás sólo se han deteriorado con el paso de los años.

Tú verás atrás mientras ellos no podrán hacer otra cosa que ver el polvo que has dejado tras de ti.

viernes, 14 de diciembre de 2018

A Short Love Story (2)




-¡Este es el puente! -exclamó el hombre viejo con vehemencia.

-¿Cuál puente papá? ¿De qué hablas? -preguntó su hijo, un hombre que aparentaba poco más de cuarenta años.

-Es el puente donde besé a mi esposa por primera vez -respondió con voz entrecortada, con palabras quebrándose en su garganta -. Tengo que bajar.

Afuera del auto la noche era cerrada, sólo entrecortada por las luces intermitentes de las farolas dispuestas cada 20 metros.

-Papá, no podemos simplemente parar aquí, en medio de la nada. Además debemos estar por llegar a los cero grados. Está helando allá afuera. Y tengo que llevar a las niñas a casa.

En el asiento trasero, las dos hijas del hombre descansaban plácidamente, tras la cena familiar, después del funeral, en el restaurante, la cual se había alargado demasiado.

-Por favor -se limitó a responder el anciano, con la mirada cristalina perdida entre sus recuerdos.

El hombre usualmente habría hecho caso omiso, pero algo en la mirada de su padre, en su voz, tocó alguna fibra en su interior. Se orilló y detuvo el auto.

El hombre de cabellos blanco bajó con celeridad, azotando la puerta tras de sí. El viento le golpeó de lleno como mil cuchillas afiladas y diminutas, pero no le importó, el poder de los recuerdos, la sensación de ese primer beso, le daban todo el calor que necesitaba.

-!Papá, espera! -gritó su hijo. Una de las niñas se revolvió en el asiento trasero, incómoda por tanto revuelo.

El hombre llegó hasta el borde del puente y miró al horizonte, mientras su hijo se aproximaba por atrás, quejándose del frío. Entonces, se subió al primer barandal, atorando las rodillas entre el segundo y el tercero, quedando así al borde del precipicio. Frente a él se extendía el vacío y la fría noche, y treinta metros más abajo, las heladas aguas del río.

Su hijo, alarmado, caminó hasta él y se detuvo a pocos pasos, mirando con vértigo hacia abajo, hacía una inminente caída separada de ellos únicamente por esos tres barandales que discurrían a lo largo del puente.

-Papá, baja por favor, es muy peligroso -gritó entre el rugido del viento.

El hombre, con el cabello blanco agitado por el viento se limitó a mirarlo y sonreírle.

-¡¿Acaso no es esto hermoso, hijo?! -preguntó con un grito. Su garganta hacía años que no tenía tanta fuerza, durante ese instante, se sentía como si estuviera nuevamente en el clímax de su juventud.

Incluso podía sentir en el abrazo del viento la reconfortante presencia de su esposa, como si durante breves momentos ella estuviera ahí, de nuevo con él, susurrándole al oído. Cerró los ojos, se irguió completamente, alzándose ante el precipicio, y estiró los brazos hacia los lados.

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-Amigo, cuando estoy con ella, las demás chicas, te lo juro, es simplemente como si desaparecieran, como si dejaran de existir.

El chico se encontraba en el asiento delantero junto con su mejor amigo, Isaac. Las citas de ambos habían bajado del auto para ir al kiosko que había debajo de la enorme pantalla del autocinema a aprovisionarse de palomitas y malteadas. Los demás adolescentes y uno que otro adulto revoloteaban alrededor de los autos mientras había luz, antes de que comenzara la función. Las chicas eran perseguidas por sus pretendientes y nuevos romances se creaban. Faldas largas, mezclillas entalladas, y grandes copetes iban y venían de un lado a otro.

Al chico le encantaba la atmósfera del autocinema y le parecía un muy buen lugar para tener una segunda cita con esa chica que le había robado el corazón y lo había rechazado buena parte del verano.

-Yo quiero mucho a mi novia, te juro que me gusta mucho -respondió Isaac, con ese tono tan suyo, que aunque burlón, hacía que te cayera increíblemente bien-, pero, ¿pensar en sólo una chica todo el día, por el resto de la vida? No lo sé hombre, yo creo que algo te picó o alguna parte en tu cerebro se descompuso.

-No sé cómo explicarlo, viejo -contestó el chico -, a lo mejor tendrías que pasar por lo mismo para poder entenderlo -dijo pensativo -. Puedes apreciar la belleza de las demás chicas, pero cuando ella llega, simplemente eclipsa a todas las demás.

-No lo sé amigo, suena a mucho compromiso, y yo aún soy joven, no estoy listo para tanto -bromeó Isaac.

El chico lo miró, rió para sus adentros y se abstuvo de decirle a Isaac de lo afortunado que se sentiría cuando a él también le pasara. Algún día su amigo conocería también esa sensación.

-Ya vienen las chicas - anunció Isaac, al tiempo que se pasaba al asiento de atrás, pasando su trasero a peligrosos centímetros de la cara del chico.

Antes de que las luces del autocinema comenzaran a apagarse y las bocinas empotradas en las ventanas del auto comenzaran a emitir su ligero zumbido, el chico vio a su cita acercándose. La vio recogerse el cabello castaño detrás de la oreja, caminar con ese paso todavía por momentos inseguro, vio su media sonrisa mientras platicaba con la novia de Isaac, y en ese momento se sintió como el hombre más afortunado del mundo.

Y una parte de sí mismo, la parte que podía presentir el futuro, supo que así era.

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El hombre joven se quedó pasmado durante segundos, con el corazón detenido en el pecho y el viento azotándole las ropas contra la piel, mientras miraba a su padre, un anciano que apenas y podía caminar por su cuenta, elevarse encima de un barandal, al borde del precipicio y con una mirada de loco en los ojos y una sonrisa, como no la había tenido en meses, en la boca.

-¡Papá, baja por favor!

El momento de trance pasó, el hombre de cabellos blancos giró la cabeza, lo miró y comenzó a bajar lentamente de su efímero pedestal. Su hijo acudió rápidamente a ayudarlo.

-La vi hijo, vi a tu madre, por unos segundos ella estuvo aquí conmigo -dijo con mirada soñadora, casi delirante.

Su hijo no respondió nada, completamente aliviado de por fin poder volver al coche. El anciano volvía a caminar con lentitud y su mirada otra vez parecía distante de la realidad. Mientras avanzaban, un fino copo de nieve cayó en el brazo del hijo.

Ambos hombres voltearon hacia el cielo y la nieve lentamente comenzó a caer.

-!Es ella hijo, es ella! -exclamó emocionado.

Su hijo sonrió, él también había sentido momentáneamente algo en su interior, en lo más profundo de su pecho.

-Sí papá, es ella.

Tomó a su padre entre sus brazos, lo abrazó como hace años no lo hacía, y después, juntos, caminaron de vuelta al auto.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

Zombie (7)




El crepitar de las llamas era hipnotizante, el humo se elevaba hacia un cielo negro –completamente oscuro–, hacia la eternidad. Esa noche no había estrellas ni luna, tampoco se veía ninguna luz artificial a la redonda. Mark se sintió extrañamente cautivado, por primera vez en su vida, ahí en medio del bosque, era consciente de su condición efímera de mortal. También sintió un pesado temor alojarse en el centro de su pecho. Un temor primitivo, irracional. Un temor que venía incrustado en su ADN desde la época de las cavernas, o quizá antes, de cuando los antepasados de sus antepasados se enfrentaban a verdaderos monstruos –descendientes de dinosaurios– y al caer la noche quedaban completamente indefensos ante los horrores que traía la noche.

            En una noche así, rodeado de nada más que árboles, oscuridad y sonidos sibilantes por doquier, alumbrados únicamente por los destellos naranjas que las llamas de la incipiente fogata arrojaban sobre sus rostros, Mark podía entender por qué antes de la llegada de la luz eléctrica, de la vida nocturna, a la gente le era tan fácil creer en brujas, temerle a los demonios de las fábulas bíblicas y pensar que entidades fantasmagóricas caminaban entre ellos.

            Las sombras tétricas que bailaban al ritmo de la luz del fuego sobre los árboles, aunados a los sonidos de la naturaleza, completamente extraños para un chico de ciudad como lo era él, hacían que una inquietud primaria le corriera desde la parte más alta de la nuca hasta la base de la espalda, como si fuera un escalofrío. Su mente volaba, y comenzaba a imaginar seres terroríficos, criaturas de pesadilla que los vigilaban desde las sombras. Hombres gato, altos como jugadores de baloncesto, con orejas puntiagudas y ojos rojos como la sangre; criaturas con cabeza de pterodáctilo y torso de humanos, pero con los brazos amputados; pequeñas niñas tiernas poseídas por entes demoníacos que les hacían hablar con mil voces de hombre al mismo tiempo, la voz de una legión dentro de esa niña–recipiente; y brujas que eran hermosas hasta que estabas lo suficientemente cerca como para oler su aliento a azufre, y entonces te encadenaban y sufrían una metamorfosis, donde se les caía la piel y era sustituida por una nueva de color verde y de reptil; estos eran algunos de los seres que poblaban la vívida imaginación de Mark en esos momentos.

            Mark agitó la cabeza, intentando deshacerse de todos esos lúgubres pensamientos, y volviendo a la realidad.

–¿Crees que sea buena idea?

–Buena idea ¿qué? –respondió secamente Aaron Kavanaugh.

–Prender una fogata –dijo Mark – ¿no crees que pueda atraer a los zombies?

Aaron hizo una mueca al escuchar esa palabra. La misma que haría alguno de los personajes de los libros de Harry Potter cuando éste mencionaba el nombre de Voldemort.

–Honestamente no sé, ni me interesa –respondió Aaron –lo que sí sé es que no pienso dejar que el frío me mate esta noche, no después de todo lo que hicimos para sobrevivir.

Como matar gente inocente, pensó Mark. Una oscuridad opresiva cruzó su mente, pero no se atrevió a decir nada en voz alta.

Miró hacia el lugar donde se había tumbado Isaac, quedándose dormido al instante, o probablemente desmayado por tanto alcohol. Después de cruzar el río, Mark los había alcanzado, y habían llegado a una fría cabaña abandonada y sin techo en medio del bosque. Ahí encontraron el alcohol, unas cuantas cajas de galletas y la arcaica tienda de campaña de la cual en este momento sobresalía la cabeza de Isaac, el cual roncaba de una manera estridente. Dormía como un bebé pese a las cosas horribles que hizo ese día, y peor aún, pese a la constante amenaza de los muertos vivientes que pendía incesantemente sobre sus cabezas.

Después de presentarse rápidamente tras su primer encuentro, se plantearon quedarse dentro de esa cabaña, pero el peligro era demasiado; además de no contar con puertas ni ventanas, aún no se habían alejado lo suficiente de los muertos. Así que tomaron lo que les podría ser de utilidad y siguieron caminando, adentrándose cada vez más en el bosque, alejándose de la ciudad, alejándose de los zombies.

Y así llegaron a este claro donde había una especie de lago (aunque era tan pequeño que Mark dudaba si alcanzaría a entrar en la definición de lo que un lago debía ser) y muchos, muchos árboles a la redonda. Cuando empezó a oscurecer, Isaac tuvo la única buena idea del día, y la última antes de que el alcohol acabara con su raciocinio. Tomó su encendedor, prendió unas cuantas hojas de un libro viejo que tomó de la cabaña y lo echó sobre unas cuantas ramas que juntó. Mark se encargó de rodear la improvisada hoguera con piedras y Aaron de ir a buscar ramas más gruesas antes de que esas se apagaran.

Cuando la fogata era lo suficientemente decente fueron por más ramas y con lo que juntaron se habían mantenido alimentando el fuego hasta ahora.

–¿No crees que el humo los pueda atraer hasta nosotros? –preguntó Mark, más por intentar hacer plática que por estar realmente preocupado.

–¿Viste a esas cosas? Puede que sean rápidas, incansables y virtualmente invulnerables, pero no creo que sean listos –respondió él.

–Lo dices por lo que les pasó en ese pequeño río ¿no?

–Exacto, creo que lo único que les llama la atención es un ser humano vivo y es lo único que cazan o que saben cazar. Dudo mucho que alguno de ellos vaya a alzar la vista al cielo en busca de algo. Y aunque vieran el humo en el cielo, no creo que su cerebro sea capaz de relacionar el humo con más humanos a quienes devorar. Los he visto a los ojos, ahí no hay más que furia, una furia ciega. Pero son estúpidos.

Mark no había visto tan de cerca a ningún zombie (aún), así que escuchaba las palabras de Aarón con sumo interés. Seguía sorprendido por el parecido tan tremendo que tenían estos zombies a los que por años habían sido plasmados en las películas de serie B de Hollywood.

–Por cierto, ¿cómo dices que te llamas? –preguntó Aaron.

–Mark. Mark González.

–Si me preguntas, ese suena como a nombre inventado para mí.

Mark no respondió, se quedó callado, sin saber qué decir.

–Yo… –intentó excusarse, pero Aaron lo cortó.

–Ey chico, tranquilo. Para mí da lo mismo si te llamas Robocop o Matusalen. ¿Ya viste el mundo en el que vivimos? –pregunta retórica –. Si alguien quiere cambiarse el maldito nombre, yo creo que tiene todo el derecho a hacerlo. Así que me da lo mismo si quieres o no decirme tu nombre verdadero.

–Yo, eh, este, gracias… creo –respondió Mark, con timidez.

Ambos cruzaron una profunda mirada, una mirada de fraternización, de compañerismo. La mirada de dos hombres que habían pasado por el mismo infierno, combatido los mismos demonios, dos hombres que habían sobrevivido a ese maldito día. Era la misma mirada que comparten los marines el día en que tras meses y meses de agónico esfuerzo, finalmente superan las pruebas y pasan a formar parte de las fuerzas armadas, sabiendo que juntos atravesaron por todas las pruebas y obstáculos y juntos los superaron. Ambos sonrieron, pero eran unas sonrisas tristes, cansadas.

–Ya sé –soltó de pronto Aarón –ya sé por que tu rostro se me hacía tan endemoniadamente familiar.

–¿Por qué?

–Tú eres el chico.

–Okaaaay –dijo Mark en el clásico tono de los adolescentes al dirigirse a los padres.

Aarón ignoró el tono de Mark, o quizá no lo notó, y continuó.

–Tú me salvaste allá en el aeropuerto, ¿no es así?

–Yo, este, ahm, bueno, sí –nuevamente la maldita timidez.

–Tú me salvaste la vida –repitió Aaron.

Se reclinó más, quedando un poco más acostado que sentado, sobre la fría tierra. El fuego calentaba, pero no quitaba del todo el frío. Se quedó observando a Mark. Éste permaneció en silencio.

Isaac soltó un ronquido mucho más sonoro de lo normal –sacando a Mark y Isaac de la conversación–, se revolvió dentro de la casa de campaña, y quedó acostado sobre el hombro izquierdo, pero por lo demás permaneció igual de dormido.

El chico y el hombre permanecieron callados, recargados cada quien en su respectivo pedazo de tronco, ambos viéndose de frente, con la fogata en medio de ellos. Una oscura nube se cernía sobre sus cabezas. El silencio se extendió más de lo normal, había algo que debía ser dicho, pero una vez que las palabras fueran expresadas en voz alta, una vez se materializaran, ya no habría vuelta atrás. Mark tomó aire, intentó relajarse y finalmente soltó la bomba.

–Eres consciente de que tarde o temprano tendrás que matarlo ¿verdad?

Más silencio. La Verdad ahí estaba, flotando entre ambos como una densa nube tóxica. Mark contuvo la respiración, sin saber cómo reaccionaría Aarón. Escudriño su rostro, intentando encontrar algún atisbo de las emociones que bullían en el interior del alma, pero de nada le sirvió, Aaron mantenía una expresión imperturbable. 

–Lo sé –fue su seca respuesta.

En su voz no había miedo, ni vacilación, ni duda. Sólo una clara y fría certeza. Era la voz de un hombre que sabe lo que debe ser hecho y no titubeará al momento de hacerlo. Aaron hizo un chasquido con la boca, intentando sacarse de entre los dientes un pedazo de los frijoles enlatados que habían comido, al tiempo que arrojaba unas frágiles ramas al fuego. Éste se avivó momentáneamente, se convulsionó sobre sí mismo y las llamas naranjas se tornaron rojas por un instante, después pareció asimilar el nuevo alimento que le acababan de proporcionar y su crepitar volvió a su estado normal.

 Después Aaron siguió afilando la punta de una rama gruesa con uno de los cuchillos que le había robado a un soldado, como si en vez de zombies, fueran a enfrentarse a vampiros y estuviera preparando una estaca para clavárselas en el corazón.

Mark continuó mirándolo. Sus ojos eran escrutadores. Pero la expresión en la cara de Aaron se mantenía impasible. Aun así Mark supo, lo podía intuir por el lazo creado con Aaron durante esa noche, que el destino de su hermano, el maldito psicópata que había iniciado esa violación masiva (la cual hacía que Mark se sintiera avergonzado de pertenecer a la raza humana), estaba escrito en fuego. 

La pesadez del sueño se asentó sobre sus párpados, el arenero comenzaba a echar sus polvos durmientes sobre Mark. La noche se volvió más oscura cuando la medianoche se elevó en el frío cielo y las llamas dejaron de ser alimentadas. Mark se metió a su bolsa de dormir, debajo de esta se abrazó a sí mismo fuertemente, cerró los ojos, y se abandonó a un sueño profundo, después del día más agotador de su vida.

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Hola! Hago esta nota para avisarles que este es el último capítulo sobre esta historia. Pero no teman, antes de que piensen en golpearme les tengo una buena noticia. 

Los primeros 4 capítulos de Zombie eran pequeños cuentos que desarrollé para homenajear a uno de mis libros favoritos, el cual se llama El Cuarto Jinete, de Victor Blázquez, pero al escribirlos, me di cuenta que la historia que había en ellos, el trasfondo era muy pero muy amplio y que podía dar incluso para escribir toda una novela sobre ello.

Así que la escribí. Escribí una novela basándome en los primeros 4 capítulos que ya leyeron. Y dato curioso, esta entrada junto con las dos anteriores son extractos que tomé ya del libro finalizado. Así que si quieren adentrarse todavía más en esta Ciudad donde unos desquiciados zombies dementes corren libremente, les dejo el link al libro, el cual ya se encuentra disponible para comprar en Amazon, o para leer de manera gratuita en Kindle Unlimited (da clic aquí si quieres realizar la prueba gratuita por 30 días). 

Espero que lo disfruten y ansío verlos por allá pronto y conocer su opinión. 

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Esta historia continúa en: Ciudad Violenta, una historia de Zombies.

Capítulos anteriores:

Zombie (6)

Zombie (5)

Zombie (4)

Zombie (3)

Zombie (2) 

Zombie 

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Zombie (6)

Mark brincó hacia atrás, cayendo sobre la fría tierra con todo su trasero. El zombie se estrelló contra el tronco, justo donde unos instantes antes se encontraba Mark. Pensó aterrado que de haber seguido ahí, en estos momentos el maldito se estaría dando un festín con su carne. 

Aunque quizá le costaría algo de trabajo, pensó rápidamente tras echarle una breve ojeada al zombie en lo que se ponía de pie. El zombie tenía la parte inferior de la quijada completamente deshecha, como si alguien le hubiera disparado a quemarropa con una escopeta o con un revólver estilo magnum, de esos que se pueden utilizar para cazar elefantes. La lengua colgaba inerte en un rostro enojado, rabioso. La hilera superior de dientes permanecía intacta y completamente a la vista, en un intento de macabra sonrisa. La sangre salpicaba prácticamente todo su traje gris y su camisa que esa mañana probablemente había sido blanca.




Mark se puso en pie como pudo y comenzó a correr. El zombie pasó por encima del tronco y cayó de bruces al otro lado. Dos dientes se quedaron para siempre incrustados en el suelo, a un lado de la pequeña roca contra la que su cara había chocado. Mark corrió en dirección al río, lo cruzaría, pero intentaría tener más cuidado que los idiotas.

Cuando llegó a la orilla, se detuvo abruptamente y dio media vuelta. El agua comenzaba a caer con más fuerza desde el cielo, pero aún no se le podía llamar lluvia. El chico vio al zombie, estaba a unos veinte pasos de él y corría con una furia enloquecedora, con unos ojos inyectados en sangre y un solo objetivo del cual no apartaba la mirada: Mark.

El muchacho respiró profundamente, echó un pie hacia atrás, para tener un mejor equilibrio y aguardó. Se sentía como uno de esos toreros segundos antes de que la bestia embista contra ellos. Sólo que él no era un cobarde como esos tipos ni traía una sábana roja para distraer al zombie.

Cuando el zombie estuvo a un paso de él, cuando alargó las manos hacia Mark, con algo en los ojos (¿esperanza?) entremezclado con el odio recalcitrante, el muchacho reculó hacia la izquierda con un ágil y veloz movimiento. El zombie se siguió de largo y se metió de lleno al río. Para cuando intento darse la vuelta e ir por su presa, el río ya lo tenía, lo derribó y este zombie entró en el mismo círculo de caer y volver a levantarse que el resto, mientras iban yendo lenta, pero inexorablemente río abajo.

Mark lo miró luchar contra la fuerza de la naturaleza durante unos segundos. Cuando decidió que era suficiente comenzó a caminar río arriba, hasta encontrar un lugar donde el agua no estuviera tan profunda y poder cruzar sin tantos riesgos.

El encontronazo con ese muerto le hizo tomar una decisión mientras sus pies se hundían en la helada agua del río. Sí se reuniría con esos dos hombres. Siempre era mejor estar en un grupo de tres que andar por ahí solo, en medio del bosque.

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Esta historia continúa en:


Zombie (7)

Capítulos anteriores:

Zombie (5)


Zombie (4)

Zombie (3)

Zombie (2) 

Zombie