sábado, 25 de febrero de 2012

Knox.

-Esa chica podría matarte con sólo una mirada, viejo.
-Creo que exageras.
-Puede que sí, pero si ella quisiera, podría mandar a su novio y a sus amigos gorilas a que te den una buena paliza.
-Ella no haría eso. de lo contrario ya lo habría hecho.
-Hombre, debes de atenerte a los hechos. Su novio es el maldito capitán del equipo de futbol, tiene casi el doble de tamaño que tú y está acostumbrado a recibir y dar golpes. Es algo del día a día para él.
-¿Y eso qué?
-!Y eso qué! pues simplemente que él es un gorila, y tú...
-¿Yo qué?
-Bueno, tú te dedicas a escribir las historias del comic que Julio sube a la Internet.
-Pero hermano, yo la amo.
-Cómo podrías amarla, si sólo has hablado con ella una vez.
-No necesité más, y sé que ella tambien sintió lo mismo por mí.
-Si así fue, ¿por qué sigue saliendo con ese mastodonte?
-No lo sé, pero sé que si lo sigo intentando, al final estaremos juntos.
-Yo creo que si lo sigues intentando,es más, si sólo te arriesgas a volver a hablar con ella otra vez, vas a terminar con tu cara dentro del retrete o golpeado por su novio y los amigos de su novio.
-Si ese es el precio a pagar por hablar con ella, entonces estoy dispuesto a pagarlo.

viernes, 10 de febrero de 2012

Preludio (Origen)



Al principio no había nada, sólo oscuridad. Luego -un milisegundo despues-, se hizo la luz. Un destello cegador desbordó todo, inundando cada milímetro existente del todo. La luz trajo consigo una energía tan antigua que parece infinita. Parió a su vástago más leal: la maldad. Pero todo debe tener un balance, y pronto surgió la energía opositora, el balance en la ecuación, el otro lado del espejo. Ambas fuerzas luchan desde entonces. La luz lejos de ser divina, era la misma esencia de la maldad, pero aún le faltaba algo.

Pronto, la energía resultante comenzó a causar colisiones y explosiones, polvo estelar que formaba otras cosas; algo nuevo.

lunes, 6 de febrero de 2012

Breves Relatos al Borde del Fin del Mundo Vol. II

Suspiras un segundo, pestañeas sólo por un instante, y cuando el momento ha pasado, cuando abres los ojos, te das cuenta que todo ha cambiado, el mundo en el que creciste ha dejado de existir, dándole paso a algo nuevo, algo áspero, lacerante, un mundo donde la ley del más fuerte es la que prevalece.

Tales eran los pensamientos, o más precisamente, recuerdos, que cruzan la mente de James Ford mientras avanza por la desértica y calurosa carretera sobre su moto deportiva a casi 120 kilómetros por hora.

Detrás de él, en diferentes tipos de motocicletas -pero todas veloces-, van los hombres que forman una especie de séquito, los más valientes a quienes no les dio miedo salir de la seguridad del bloque de calles en el que se han atrincherado desde el incidente.

El sol golpea inmisericorde el torso desnudo de Ford, pero el cálido viento aminora el efecto quemante. Pasan ante un letrero que indica la entrada al pueblo contiguo. Un kilómetro adelante, un grupo nutrido de hombres les cortan el paso, bloqueando la carretera con dos camionetas blindadas y ocho hombres con sus respectivas motocicletas. Se detienen. Ford puede sentir el frío sudor deslizándose por su espalda, la garganta seca que parece tener paredes de lija y el corazón comenzando a aumentar de velocidad las pulsaciones con que da señales de vida.

Baja de la motocicleta y hace una advertencia a sus hombres. Los tres lo escuchan impávidamente, llenos de valor, o cuando menos aparentando no tener miedo. Esto lo hace sentirse orgulloso de ellos.

-No se bajen- les dice cuando ve que tienen la intención de imitarlo-.Si algo sale mal, no quiero que se enfrenten a esos hombres. Conozco a Detrick, siempre se rodea con gente similar a él, y no tendrán reparo alguno en hacer de esta reunión un baño de sangre. Sólo quédense en sus motos, y si tienen que irse, háganlo. vayan a toda velocidad y no volteen atrás- guardó silencio, los miró a todos y vio una sombría determinación en sus rostros, algo que no hubiera imaginado hace pocas semanas, cuando muchos de ellos no eran más que profesionistas-. ¿Entendido?- les gritó con decisión.

-Sí- respondieron casi al unísono.

Entonces atrancó su moto con el pedal para que ésta no cayera al suelo. Acto seguido se quitó la escopeta que llevaba colgada a la espalda y se la entregó a sus hombres.

-Si muero hoy, les será más útil a ustedes que a mí en esta situación.

 Y luego avanzó con pasos decididos hacia Detrick y los hombres que lo aguardaban fuertemente armados. El miedo le atenazaba el pecho como dedos de una gélida mano.

----------------------------
Capítulos anteriores:

Nuevas Reglas

COP

Breves Relatos al Borde del Fin del Mundo Vol I

viernes, 3 de febrero de 2012

Nuevas Reglas

Las reglas del juego han cambiado.

Hasta hace un par de meses Steve Dibiasi no habría podido decir a ciencia cierta si era de los buenos o de los malos. Era un poli, eso sí, pero jamás se había sentido como el chico bueno de la pelicula. Su trabajo se limitaba a atrapar y dar palizas a tipos más malos que él mismo, o simplemente a tipos lo suficientemente estúpidos como para meterse con un representante de la ley. Pero después de las bombas, tras el caos y luego de toda la destrucción que se había dejado venir como consecuencia de la anarquía, de la pérdida de un gobierno ante el cual responder, Steve se había visto en la necesidad de tomar un bando.

La población se había diezmado, o más precisamente, sólo quedaba un diezmo de la población total, y el cambio más notorio que se había visto en las personas era uno: las personas buenas se habían vuelto malas, y las que ya eran malas, se habían hecho peores. El mundo entero se había convertido en un nido de insectos, donde cada quien veía por sí mismo, las personas simplemente no ayudaban al de al lado, y si podían se aprovechaban de quien fuera lo suficientemente débil.

Así que Dibiasi había tenido que entrar a ese nuevo mundo, enfundado en su traje de policía, el cual ahora no le confería poder alguno. Y su arma más poderosa no era la pistola de nueve milímetros colgando en su sobaquera sobre una camisa empapada en sudor, ni la poderosa escopeta que llevaba atada atrás de la espalda, no, su mayor fortaleza radicaba en la plena fe de que ahora formaba parte del equipo de los buenos, por mucho que esto le disgustara, así tenía que ser, de lo contrario terminaría convertido en un animal salvaje, nada distinto de todos aquellos monstruos a los que con tanto empeño había metido tras las rejas durante todos sus años de servicio.

----------------------------
Capitulo Siguiente:

Breves Relatos al Borde del Fin del Mundo Vol II

Capítulos anteriores:

COP

Breves Relatos al Borde del Fin del Mundo Vol I