Artículo escrito por Juan Carlos Núñez Macías. Artículo de Invitado #90
Sin temor a
equivocarme puedo decir que una de las situaciones más difíciles por las que un ser humano
atraviesa —ya sea por necesidad académica, laboral o por puro masoquismo
artístico— es el temor a la hoja en blanco, y es que es como una especie de
lienzo que podría contener todo y nada a la vez y es tan poderoso, que nos
lleva a un punto filosófico de autocriticarnos y cuestionarnos la veracidad de
nuestros pensamientos e ideas. Me gusta pensar en ella como un escenario con
público a tope: hace que todo lo que tenías en la cabeza —talento incluido— de
pronto sea una nebulosa borrosa de palabras e ideas inconexas y entonces… nos
bloqueamos.
Y venga, es
normal. Le ha pasado hasta al más experimentado de los escritores o académicos
ya que, como todo en la vida, es un gigante al que se le va venciendo una
palabra a la vez, donde el único ingrediente secreto es la constancia. ¿No me
crees? Aquí te traigo una serie de consejos prácticos que fácilmente puedes
aplicar sin importar qué es eso que quieres plasmar por escrito: desde un
oficio hasta una novela.
Los consejos aquí
numerados, los he tomado de dos fuentes principalmente: el libro “Mientras
escribo” del gran Stephen King —que conoce perfectamente bien el arte
de escribir, y si no me creen, échenle ojo a su bibliografía con más de 100
títulos publicados, entre novelas, cuentos, guiones televisivos y de cine,
etc.—y una talentosa escritora mexicana independiente, Ainhoa R. Verdugo.