martes, 17 de marzo de 2020

El misterioso caso de los tenis que quisieron ser Hitler.



Artículo escrito por Juan Carlos Núñez Macías. Artículo de Invitado #29


Ok. La primera vez que leí la noticia un día cualquiera en mi feed de Facebook, creí que era un meme o un artículo sacado del Deforma. Pero no, era real. Tan real como cualquier otra nota replicada una y otra vez por los sitios de noticias de mayor confiabilidad en la red. 

Y es que Puma, la famosa marca deportiva, se encontró por días en el ojo del huracán después de que se comparara unos tenis de su última colección con Hitler. Sí, con Hitler, aquí puedes leer la noticia completa

Y no bastaba con el “parecido físico” entre los zapatos deportivos y el dictador, sino que se desempolvó el hecho de que los hermanos Dassler (dueños y fundadores de Adidas y Pumas) se unieron al partido Nazi en 1933.

Pero vayamos poniendo las cosas claras: ¿es en serio que cada vez somos más paranoicos?

O sea, sí, claro. Como mercadólogo y comunicólogo, comprendo e incluso he aplicado la tan famosa “Publicidad subliminal” pero a menudo me llego a preguntar: ¿será que somos ya tan hipersensibles que la línea que separa lo real de lo ficticio se está rompiendo? ¿Es que nos estamos convirtiendo en una sociedad cada vez más delicada? Esto, porque los tenis bien pudieron ser Hitler o Edgar Allan Poe, pero los medios y las críticas decidieron apelar por lo más polémico.

Cada vez más, las tendencias en los medios buscan titulares que generen polémica y que respondan a una agenda político-social de la cual, nosotros somos simples peones. Éste se ha convertido en el medio perfecto para terminar con la reputación de una marca o una persona o llevar la opinión pública a cualquier tema que logre atraer la atención de los cibernautas, ávidos de más información y en donde verter sus “tan valiosas” opiniones.

Las redes sociales han tergiversado el significado de la libertad de expresión para convertirse en un receptáculo de odio, espejo de ignorancia y el medio perfecto para difundir noticias que no aporten nada salvo polémica, y que además, sirvan como reflejo de lo que nos estamos convirtiendo como sociedad: en gente con cada vez menos capacidad de aceptación y apertura; más sensibles a mensajes prefabricados y que nos obligan a ver cosas turbias donde no las hay. 

Unos tenis, son unos tenis y punto. Y aunque quizá la marca haya querido o no transmitir este mensaje, es la capacidad de raciocinio de la sociedad la que pongo en tela de juicio: todo nos molesta, todo nos intriga. Y todos nos vemos con el derecho a opinar, aunque no tengamos la capacidad de hacerlo.

Estamos en tiempos donde el hacer y el no hacer están mal vistos. Donde las ideologías chocan y se deforman para confrontar posturas antes de generar cambios, o de lograr uniones o incluso, de acarrear propuestas. Nos limitamos a dejar salir las palabras cual veneno sin tomar conciencia de su importancia real.

Hoy son unos tenis los que estuvieron unos días en el ojo del huracán… mañana quien sabe. Pero me da miedo pensar que quizá llegue un día donde respirar sea un crimen o vestir de negro sea símbolo de resistencia u opresión. Me da miedo que lo absurdo se convierta en lo real y no sepamos poner un alto o tan siquiera darnos cuenta de que fuimos piezas hechas para construirlo y no sepamos parar.

O peor: no queramos parar.


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