jueves, 28 de agosto de 2014

The Real Deal.

El hombre se quitó la playera desgastada, la arrojó a un rincón de la habitación. Comenzó a andar de un lado a otro del pequeño cuarto.

Yo sé quien realmente eres, he visto tu verdadero yo

Cállate, ni siquiera eres real.

Las manos se abrían y cerraban con un crispamiento continuo de los dedos nerviosos, los cuales asemejaban a los de alguien con artritis.

Debo de existir, no? Al fin y al cabo soy parte de ti, eso debería servir de algo, no?

Los dedos aferraron los libros del estante, los músculos se tensaron bajo la piel y la espalda mostró una definición que sólo el levantamiento de pesas puede otorgar. Con la misma diligencia con que habían sido tomados, los libros volaron por los aires para chocar contra la pared y acto seguido ir a parar al suelo, desperdigado por una esquina y con las hojas abiertas, como cadáveres con los brazos extendidos.

Sólo un loco escucharía tus palabras.

Mis palabras no son necias, y no sólo los locos me pondrían atención, los enamorados también llegan a escucharme.



Y ciertas eran las palabras de aquel espíritu o entidad o fracción no aceptada de la personalidad del hombre, al referirse a los enamorados, aquellas personas que al alcanzar un nivel encumbrado de paroxismo frenético han llegado a oír aquella voz que convive diariamente con las personas a quien solemos denominar -no sabría precisar si erróneamente -, como locos de remate. Y no sólo la escuchan, no, llevan a cabo actos de locura basándose en el consejo de esta voz. Pero al abanderar sus actos en nombre del amor, estos se vuelven tolerables y hasta aceptados. Y pronto, cuando caen de ese vertiginoso cúmulo de sentimientos, dejan de oír la voz; se va silenciando hasta convertirse en un susurro, para luego desaparecer en las profundidades oscuras de la nada inmaterial.

El hombre miró hacia el espejo, los tendones del cuello se tensaron. Hoy como tantas otras veces no sabía de quién era la mirada en los ojos que le regresaba la imagen del espejo. Y a fin de cuentas, acaso importaba realmente?

Tú algún día fuiste uno de ellos.

El hombre miró con ojos profundos hacia su reflejo, sin dar respuesta.

De los enamorados, quiero decir.

Siguió sin responder, ahora su boca se había crispado en un rictus sardónico.

Pudimos haber sido extraordinarios.

Siguió sin haber respuesta.

lunes, 4 de agosto de 2014

psycho.

       El chico se acercó hasta ella con una sonrisa radiante en el rostro, un caminar gallardo, espalda erguida y mentón bien levantado, era la viva imagen de un caballero, un príncipe azul al que ninguna mujer que hubiera soñado alguna vez con un cuento de hadas podría rechazar. Pero ella lo hizo.

        -Largo de aquí -gruñó ella y se subió a la banda deslizadora-. Odio a los tipos como tú.

        -¿Cómo yo? -preguntó incrédulo.

        A su alrededor tipos musculosos y mujeres con pantalones deportivos ceñidos a las piernas emitían gemidos o exhalaban ruidosamente al hacer repetición tras repetición en el aparato en turno o al levantar las pesas.

        -Sí, sujetos que andan por ahí siendo amables, encantadores.

        -¿En serio?

        Antes de terminar de pronunciar la última sílaba la sonrisa se esfumó de sus labios, los ojos se ensombrecieron, hundiéndose dentro de las cuencas, los pómulos se destensaron. El chico dejó de fingir.

       Fue sólo entonces cuando ella comenzó a prestarle realmente atención.

viernes, 1 de agosto de 2014

Counselor.

       Los ojos del embajador Zelligman, hundidos detrás de unas profundas ojeras, no reflejaban compasión alguna. Las manos a la altura de la barbilla y espalda reclinada, con los codos sobre la mesa; todo en él dejaba traslucir una completa y absoluta concentración y una ferviente decisión.

        Afuera, a través del enorme cristal que había en lugar de pared, el cielo de un azul oscuro
estaba a punto de cederle el paso a la fría noche de invierno. El piso en donde se encontraban el embajador y el Concejal Roger Willis, quien permanecía sentado frente al primero, estaba tan alto en el edificio que las nubes mas bajas estaban al alcance de la mano, eso claro de no haber estado sellados herméticamente todos los cristales a partir del piso 50.

       -Ellos nos confinaron a este planeta- la voz del embajador era ácido-.Y ahora que se enfrentan a un enemigo que jamás podrán vencer acuden a nosotros por ayuda.

       -Lo sé, pero ¿realmente merecen que les demos la espalda en este momento de angustia, ahora que todas y cada una de las razas que cohabitan con nosotros en la galaxia están al borde de la extinción?

       -Mil años han pasado Willis, no lo olvides, mil años en que la Tierra, la cuna de la humanidad-esto último lo dijo sin disimular la ironía-, ha sufrido sobrepoblación, hambrunas, decadencia. La gente nace sin parar y cada vez tarda más en morir.

       -No lo hago señor, pero un enemigo común se cierne sobre todos, sin importarle las diferencias que puedan existir entre las razas interplanetarias.

       -Lo sé.

       -Entonces no podemos simplemente ignorar todo y dejar que vaya extinguiendo la vida planeta por planeta.

       -Creo Willis, que usted me ha malentendido, o quizá no he sido del todo claro,  por supuesto que no les vamos a dar la espalda. Es más, vamos a proporcionarles el arma necesaria para acabar con el enemigo.

        Los ojos del embajador brillaron con malicia, con rencor. Las venas de sus ojos resaltaban dejando ver el cansancio físico al que estaba sometido. Se dejó ir en el respaldo, su torso hundiéndose en el asiento, el cabello que al inicio el día lucía bien peinado e impoluto, ahora era una masa enredada que le caía sobre la frente.

       -No estará pensando darles el arma que....

       -Ya lo creo que sí. Es la única forma de acabar con el enemigo común. Acaso no ve la genialidad de todo. Es la única forma de acabar con un enemigo de semejante implacabilidad.

       -Un arma cuyo disparo produce una explosión equivalente a un millón de bombas atómicas no dejará a casi nadie con vida en los planetas donde ocurran los disparos.Y aquellos a quienes la explosión no mate, la radiación lo hará. Y si los informes son correctos, los planetas que están siendo invadidos equivalen al 98% de los planetas con vida inteligente.

       -Pero el proyectil disparado tiene una potencia atómica diez veces mayor a eso, así que dígame ¿qué enemigo sería capaz de resistir tanto poder?

       -Está hablado de un genocidio masivo, de varios miles de billones de vidas, es un coste demasiado alto para frenar al enemigo.

       -A mi parecer, es la única forma de terminar esta guerra de manera definitiva. Y al final la única raza que quedará en pie seremos nosotros. Y los humanos finalmente podremos alcanzar nuestro destino, conquistar la galaxia.

       Ahora la noche y su oscuridad habían pasado a apoderarse del cielo. Ninguna estrella brillaba en el firmamento.
     
     

lunes, 23 de junio de 2014

La chica de MullHolland Drive.

   
     Sus miradas se cruzaron efímeramente en medio del bullicio y el gentío, de todas las azarosas posibilidades que había en ese día, encontraron la única que los colocaba a ambos en un punto donde sus ojos podían cruzarse.

     Él se quedó quieto, helado. Un niño que pasaba tomado de la mano de su apresurada madre, lo vio y pensó que se trataba de un maniquí. El pequeño alargó la mano intentando tocar los dedos, y ver si eran de plástico o de carne y hueso, pero el jalón de su madre hacia el lado opuesto se lo impidió.

     La chica, como es habitual, intentó disimular, hacerse la fría, sostuvo su mirada y sintió un huracán en su estómago. Los hombres que pasaban, e incluso algunas mujeres, contemplaban embelesados su piel nívea, contrastada por un largo, liso y sedoso cabello azabache. La belleza de aquella mujer crecía exponencialmente a medida que uno se acercaba a ella. No sólo era una niña recién convertida en mujer, era toda una visión para quien la contemplara.

     El pobre muchacho -atacado por un arrebato de enamoramiento, un torbellino de sensaciones-, de pie como una estatua, junto al barandal del segundo piso de la estación de trenes, miró esos ojos almendrados, pensando que podían hacer que imperios enteros se hincaran ante ella.

     La chica tardó en reaccionar, no tenía ni idea de que misteriosa y arbitraria razón la había llevado a elevar la mirada en ese preciso instante.

     Ambos salieron del trance al mismo tiempo, pero antes de que alguno de los dos pudiera echar a correr a los brazos del otro, un grito, parecido a un alarido, inundó la estación.

     La gente se quedó pasmada, algunas personas incluso petrificadas. Ese gritó no era normal, helaba la sangre.

     Entonces fue cuando todo empezó, el caos, los vidrios rotos, torrentes de personas corriendo, huyendo hacia todas direcciones. Él bajo a tropel las escaleras, a base de codazos y apretándose contra la multitud; ella permaneció donde estaba, intentando no perderlo de vista, para que pudiera llegar hasta ella.

     Cuando estuvieron a un metro de distancia, ambos alargaron las manos, sus dedos se enroscaron entre sí. Él la tomó entre sus brazos y le dio el más largo primer beso. Y el último.

sábado, 21 de junio de 2014

Fragmento I

Su voz era penetrante y lasciva.

-Me encantan los gritos de esa chica; grita como si la estuvieras follando y al momento de correrte, en vez de eyacular semen dentro de ella, fueran pequeños alfileres.

Su amigo, el tímido y bajito Miguel lo observaba sin saber bien qué pensar.  Aunque Julián era la persona más sociable y simpática la mayor parte del tiempo; en la escuela, en los bares o como ahora mismo, en el gimnasio; había momentos como aquel, en que soltaba unas frases que te hacían pensar que estabas tratando con un jodido psicópata.

Las chicas lo adoraban, y era natural, su carisma sólo era comparable con su honestidad. Cuando una chica era fea, le escupía la verdad a la cara y el resto de chicas, aunque fueran amigas de la pobre, caían rendidas ante él.

Miguel por el otro lado era lo que en las peliculas de Hollywood llamarían simple y llanamente: un perdedor.

Estudiaba de más, físicamente pasaba fácilmente desapercibido, y en las pocas relaciones que había logrado entablar, trataba bien a las niñas con quienes salía -como lo hacían los sujetos en las chic flicks que había visto-, las cuales al final de la cita lo mandaban muy muy lejos, con una metafórica patada en los huevos.

Ni siquiera sabía bien porqué eran amigos, Julián podría tener como amigo a quien quisiera, y sin embargo lo había elegido a él.

Quizá era el destino, tal vez estaban juntos para que Miguel pudiera aprender a ser más como su amigo.
Siguió la mirada de Julián hacia la chica que hacía sentadillas mientras la tela de su ajustado leggins se apretaba contra los bordes de su diminuta braga. La chica llegó al final de su serie y repitió el grito.
Miguel rió alto y largo, a carcajadas desbordadas.
La gente, los vigoréxicos y las exhibicionistas se le quedaron viendo, juzgándolo. No importaba.

-Tienes toda la razón amigo- aulló con helada voz.

lunes, 2 de junio de 2014

El nacimiento de un dios.



           Y cuando el príncipe retorne todo será oscuridad. Las calles y el cielo se teñirán del rojo de la sangre. Los ríos morirán envenenados, los animales se volverán en cenizas y aquellas plantas y frutos comestibles quemará la garganta del pobre que decida comer de ellos. Las serpientes heredarán la Tierra. El sinuoso caminar de las putas hechizará a los hombres débiles, viéndose arrastrados hacia la carencia de luz, donde serán desollados entre gritos de agonía y terror mientras ven reflejado en los ojos nocturnos de la mujer demonio los estertores de la muerte que convirtieron el alma llena de luz de un ángel en el pozo más pútrido y carente de pasión.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Harkonnens: Príncipes en el exilio III.

        Ansío la sangre por sobre todas las cosas.

        Siempre he sido un oscuro vástago de la noche. Pero ella me hace querer cambiar, me hace desear ser un caballero arquetipico en armadura reluciente. Algo que no podré ser, eso jamás sucederá sin importar con cuánto ahínco lo desee. Un príncipe en el exilio jamás podrá ser un príncipe azul. El destierro te transforma, te agría el alma como fruto caído del árbol que nadie comió.

   


 Aunque esa mujer, con sus ojos almendrados me hace sentir que puedo cambiar; no lo deseo.

         El deseo de venganza, de tomar una revancha por generaciones aplazada, es más fuerte que cualquier vínculo afectivo que pueda desarrollar. El honor de una familia, de generaciones de ella, depende de la frialdad de mi alma, de mi pétreo corazón. Dejar entrar en estos momentos la calidez de su piel y la dulzura de sus palabras a mi mente, constituiría la perdición para mi noble causa, una causa para la que mi familia lleva preparándose generación tras generación desde el momento de la traición, seguida por el destierro.

        Vivir en un mundo helado, termina por transformarte, la frialdad de su atmósfera de una u otra forma termina encontrando la manera de colarse entre tus venas, hasta volverse parte de ti. Hasta que un día despiertas y descubres que en tu corazón sólo hay lugar para la venganza, y no quieres que nada ni nadie se interponga en tu camino, porque quienquiera que lo haga, sólo podrá tener un desenlace posible; salir lastimado en el mejor de los casos.

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Esta historia continúa en:

El primer Retorno (Raykof Harkonnen) 



Capítulos anteriores:


Harkonnens: Lenkiviel 

Nota del Autor:

Supongo que al terminar de leer este capítulo mueren de ganas de conocer cuál fue la verdadera traición, ¿no es así?

Pues no se preocupen, que esa razón va a ser destapada aquí... a su debido tiempo.

Mientras déjenme darles un breve resumen del segundo libro: La Cruzada de las Máquinas.

Serena Butler, tras la tragedia al final del libro anterior, se recluye, y se vuelve una especie de sacerdotisa/idola que sólo busca un fin, ser el símbolo que mantenga viva la flama de la Yihad en la lucha contra las máquinas pensantes. Por lo tanto, ni Vorian Atreides ni Xavier Harkonnen tienen ahora oportunidad alguna de pasar sus vidas con ella. Aunque recordemos que ahora Xavier es ya un hombre casado y padre de familia.

Vorian, ahora que ha abierto los ojos y ve a las máquinas tal y como son se ha convertido en un personaje importante en la lucha contra los robots. Él y Xavier se vuelven los mejores amigos y juntos pelean una batalla encarnizada contra Omnius y contra los Cimeks.

Iblis Ginjo, el infame Iblis Ginjo, otrora un gran personaje heroico y hasta admirable, ahora se ha corrompido por el poder que tiene dentro de la Liga de los Nobles (Así es como se llaman el conjunto de planetas libres asociados en la lucha contra las máquinas). Su ambición es desmedida y parece que nadie podrá detenerlo.

Cuando los humanos, cansados de tanta guerra y muerte, deciden firmar un tratado de paz con Omnius, quien al ser una máquina también ve coherente y estadísticamente correcto este trato.

Serena se ofrece para ir en persona a pactar con las máquinas. Pero ni ella ni Iblis quieren la paz. Ambos odian con todas sus fuerzas a las máquinas, y juntos planean una traición: asesinar a Serena durante su encuentro con las máquinas y así poder culparlas y así enardecer los ánimos de la humanidad, reavivar la llama de la Yihad y continuar la cruenta guerra.

Serena es asesinada y el plan de Iblis marcha a la perfección. Y esta es la primera muestra del gran villano en que se convertirá. Aunque lamentablemente pasará a la historia como un mártir, y Xavier Harkonnen, el verdadero héroe, será maldecido por toda la humanidad...



La Semilla de la traición

martes, 4 de febrero de 2014

East or West.

Creo en ángeles y demonios pues ambos viven en mí; a los primeros los he rechazado y los segundos acompañan mis horas de soledad. Estos lúgubres pensamientos rondaban la mente de Zach, mientras salía de una tienda Saks vestido con una indumentaria que en su conjunto valdría unos 12 mil dolares.

Caminó por las calles desiertas de la ciudad de Nueva York durante aproximadamente diez minutos. Había tenido los sueños, tal y como las cinco personas con quienes se había topado en la última semana, vagando y tomando de los anaqueles de las tiendas desiertas lo que les viniera en gana, justo como acababa de hacerlo.

Había soñado con el Hombre Oscuro, y tambien con Madre Abigail. Ir al Este y unirse a los pocos supervivientes de la supergripe que pretendían crear una nueva y mejorada versión de la civilización anterior, cuando ni siquiera podían restaurar aún la energía eléctrica en la pequeña ciudad en donde habían comenzado a congregarse, llegando en grupos de 3, 4, 5 -u 11 personas cuando era un grupo realmente numeroso-; o  ir hacia el Oeste, cruzar las montañas y llegar hasta Él, unirse a las filas del ejército que el Hombre Oscuro estaba formando, llegar a la ciudad del pecado, el antro luminoso en medio del desierto. El Hombre Oscuro ofrecía poder, gloria, sexo, ponía el mundo en tus manos. La vieja Madre Abigail en cambio sólo te ofrecía el camino de la rectitud, hacer lo correcto, lo decente, cerrar filas para hacerle frente a la oscuridad, pero la realidad era abrumadora: carecía de los recursos del Hombre Oscuro.

En sus sueños había visto cómo hacia Él para mantener a su gente motivada, leal; crucificaba en postes de teléfono a aquellos que se le oponían o a los que simplemente se cruzaban en su camino y no le mostraban la lealtad que exigía.

Zach quería permanecer al margen, ser un simple espectador, marchar lejos, ir al sur y no tener que participar en lo absoluto. Pero en este nuevo mundo no había lugar para  la neutralidad, la impasibilidad, la cobardía; había que tomar una postura y el tiempo se estaba agotando.








sábado, 1 de febrero de 2014

Lauder.

Como bien sabrás a estas alturas, el camino del mentiroso –al menos el de uno comprometido al cien por ciento con su papel-, es solitario y carente de afecto.

No hay hombro alguno en el cual llorar cuando las cosas van mal, ni por el contrario existen palmadas en la espalda que señalen reconocimiento; tus triunfos y tus derrotas son solitarios por igual, como una acre masa gelatinosa adherida a tu alma. Uno de los consejos mas útiles que puedes seguir para camuflarte dentro de la sociedad y hasta parecer un miembro respetable de ella, es el de refugiarte detrás de una falsa sonrisa.

Es un método difícil, lo sé, pero puedes hacer como el bueno de Harold Lauder y practicarla quince minutos diarios frente al espejo, hasta que a ti mismo comience a parecerte genuina.

Sólo hay un pequeño contratiempo; la gente más perspicaz eventualmente notará que algo extraño ocurre en tu rostro, si miran con más detenimiento del normal, podrán notar cómo la sonrisa no llega hasta los ojos como debería hacerlo, sino que se limita a elevar las comisuras de tus labios en un artificioso ángulo y se detiene bajo las mejillas.

Por eso es menester que trates de pasar el menor tiempo a solas con cualquiera lo suficientemente sagaz como para detectar tu disfraz.

Pero confía siempre en el poder de la sonrisa, cuando las personas creen que posees el secreto de la felicidad, que conoces algo que el resto de los mortales ha pasado por alto para ser feliz, la gente comenzará a rodearte, a confiar en ti, y entonces podrás comenzar tu misión, sonriéndoles a la cara cuando quisieras escupirles entre los ojos.


El cuento más corto.

Y cuando desperté, tu dios aún seguía lamiéndome las bolas. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Poemario desde el exilio.


Y entonces todos los pecadores verán  mi verdadera forma
y se arrodillarán ante mí.

Pues soy el inicio y el final,

soy la soberbia, la vanidad, devoro alegría.

Yo soy quien quiebra imperios, aquel que voltea las cruces,

como ojos que ven hacia dentro,
y escupe sobre ellas.

lunes, 14 de octubre de 2013

Delta Force.

        El hombre se puso en pie, tomó su rifle semi-automático M6 con el brazo derecho, el que aún no estaba inutilizado y escupió sobre el hombro; pero lo que salió de su boca no fue sino una masa viscosa de sangre combinada con saliva. el hombro izquierdo era una masa sanguinolenta y el hueso asomaba por donde debería estar el bíceps tonificado.Su traje de camuflaje verdoso, se había tornado rojo.

       Caminó con paso trémulo y divergente, con piernas vacilantes hacia la camioneta roja, de donde habían salido los cinco hombres que los habían atacado por sorpresa a él y a su compañero. No habían sido particularmente ágiles o sigilosos, sólo tenían una pequeña gran ventaja, el RPG con el que le habían disparado a la Humvee en que los dos Delta se transportaban. Al recibir el impacto del misil la camioneta salió disparada hacia el arcén para caer sobre la cuneta,  con las llantas hacia el cielo, como una cucaracha con el cuerpo tumbado hacia arriba, inutilizada. Su compañero -Delta 1-, murió al instante, con el volante incrustado en el rostro, mucho antes de saber siquiera qué había pasado. Se había ganado un pase indoloro y expedito al infierno.

         Pero esos sujetos, esos malditos indígenas con turbantes, o locales, si uno quería designarlos con un término menos peyorativo, no tenían idea de lo que era meterse con un Delta.

         Así que sin salir de la camioneta, de cabeza, tomó su rifle y con precisión mortal disparó cinco tiros, cada uno de ellos abatió a un hombre. Luego salió arrastrándose lastimeramente del auto, como un feto que sale por sí mismo del vientre, lleno de sangre y con huesos rotos.

         Pero uno de los hombres aún respiraba, así que siguió caminando hasta llegar junto a él. Alzó la bota y le pateó la quijada, la cual se rompió con un estentóreo chasquido, una descarga de dolor le recorrió la espalda, cruzado a través de todos los huesos rotos. El hombre aún respiraba.

        Delta 2 apuntó el rifle con su único brazo servible y disparó una única bala que le arrancó los dientes al hombre, y derramó sus sesos en el pavimento. 

domingo, 13 de octubre de 2013

La chica que nunca fue.

       Una lagrima salada como la brisa del mar le recorrió la mejilla y murió en sus labios. La chica, hermosa pero ingenua, se había dejado engañar por el traje Armani que vestía el hombre la noche anterior, por el corte de cabello de 50 dólares, su elegancia al hablar, el vocabulario aristocrático repleto de palabras que ella apenas lograba entender.

       Su cuerpo entero clamaba por que se abandonara al llanto, le pedía que se hiciera un ovillo y se metiera entre las sábanas y no saliera de ahí nunca más. Pero ella no era así, tenía que controlar la situación, poner manos a la obra, e intentar no pensar.

       Se levantó de la cama, no traía puesto nada más que las diminutas bragas, buscó el resto de su ropa, desperdigada por el suelo de la lujosa habitación, y se apresuró a vestirse. Revisó una vez más la nota que el tipo había dejado sobre el buró. Debía haberlo sospechado. Cuando él ofreció ir a un hotel en vez de a su casa, eso debía haber disparado al menos unas cuantas alarmas en su subconsciente. Pero ella, hechizada por el embrujo encantador, las había pasado por alto. Obviamente era un hombre casado, era la única razón por la cual un hombre atractivo no llevaría a una chica como ella a su casa, sobre todo con lo despampanante que lucía la noche anterior, con tacones altos y falda aún más corta. Pero ella se había negado a verlo.

       Entró al baño, se paró junto a la tina, recargó las manos en el lavabo y observó su rostro con atención. Un largo mechón rubio cruzaba su rostro, justo por encima del ojo izquierdo, unas ojeras púrpuras enmarcaban sus ojos, añadiéndoles una profundidad que los hacía parecer los de un ángel de alguna de esas pinturas barrocas. Sus labios gruesos y rojos resaltaban en contraste a la pálida tez de sus mejillas. Pero su cerebro parecía palpitar de ira dentro de las paredes de su cráneo, el dolor semejante a una hinchazón le nublaba los pensamientos, como si estuvieran enlazados entre sí únicamente por una vaga y fina conexión.

       Sin que fuera consciente de ello, una sonrisa comenzó a dibujarse en la comisura de sus labios. Si alguien hubiera presenciado ese momento, habría visto cómo el rostro de la chica durante una fracción de segundo se deformaba en una mueca maliciosa, habría visto un atisbo de locura en sus ojos.

       Tendría su venganza, de eso estaba segura.

       Sarah -su hermana- la vigilaba siempre. Y ella presentía que la noche anterior no había sido diferente, pese a que habían reñido por la tarde.

No sólo lo presentía, contaba con ello, lo deseaba.












     

martes, 8 de octubre de 2013

Manual del pequeño gran mentiroso. Lección 2: "The little Bull-Shitter"

Remordimientos. Una palabra que debes eliminar, no, extirpar de tu vocabulario.

Si eres inteligente sabrás que el remordimiento es un peso con el que no puedes cargar, al menos no durante un periodo extenso de tiempo, es como un yugo bajo el cual tu espalda se doblega y termina por romperse. Por eso, si no eres capaz de deshacerte de los sentimientos de culpa, o cuando menos anestesiarlos, entonces mi querido amigo, es hora de que abandones esta lectura, porque te tengo una desagradable noticia; no naciste para ser un little Bull-Shitter. 

Pero el hecho de sentir culpa, o algún tipo de malestar, ya sea físico o emocional, al mentir, no debe avergonzarte, al fin y al cabo todos somos humanos, y sería antinatural el no tener estos sentimientos, sería hasta un tanto creepy. 

 El truco entonces no está en no sentir culpa, es un sentimiento humano de lo más normal, pero si quieres poder mentir como un profesional, como lo haría un verdadero actor de método, entonces debes desarrollar tus propias técnicas para lidiar con ella, para darle la mano como haría un tierno amante y llevar a la culpa (siempre bien sujeta por la muñeca, pero con delicadeza al mismo tiempo, para que ni sospeche ni se pueda librar tampoco)  hasta el borde del precipicio. Susurrarle tiernas palabras al oído, derramar la miel espesa que brota de tus labios sobre su receptivo oído.

Y justo en el momento más álgido, cuando tus palabras la hagan recorrer un sendero hacia el orgasmo, entonces y sólo entonces, posarás tu cariñosa mano en su espalda y la empujarás hacia el vacío.

No debes de evitar la culpa, al contrario, debes abrazarla, comprenderla, amarla, y sólo cuando hayas terminado este proceso, podrás desecharla como el verdadero peso muerto que es.

lunes, 7 de octubre de 2013

Manual del pequeño gran mentiroso. Lección 1.

El truco no está en la mentira; ésta puede ser tan grande como quieras y de la índole más variada que tu pequeña y retorcida mente sea capaz de crear.

No, el verdadero encanto de una mentira bien contada, reside -escucha bien-, en los detalles, y entre más pequeños sean, mayor credibilidad tendrá tu historia.

Puedes decirle a la chica que eres astronauta, si lo quieres. Obviamente, ninguna chica te creerá, al menos no de antemano, pero cuando comiences a usar jerga que sólo un ingeniero usaría, cuando los movimientos de tus ojos y manos se asemejen a los de alguien que ha pasado su juventud y parte de su vida adulta entre libros, estudiando, entonces y sólo entonces tu mentira comenzará a cobrar forma.

No se trata de interpretar un papel; mas bien es sobre ser el personaje, no por completo, sólo en los pequeños rasgos, en los detalles.

          Si quieres pasar por un actor, tendrías que hablar de emotividad, de sentimientos, de sentir la vida y  no sólo vivirla, y mierda por el estilo; si quisieras que creyeran que eres un programador informático, usarías términos como variables, líneas de código, bugs y virus informáticos, o harías torpes analogías entre la realidad virtual (o VR, metiéndonos aún más en el personaje), y la realidad física.

No es una tarea sencilla, requiere esfuerzo, dedicación, pero sobre todo, centrar todo tu poder de concentración para que no haya grietas en tu historia.

          Así que, ¿a qué estás esperando eh? Sal al mundo y comienza a poner en práctica lo aprendido hoy. Muéstrale al mundo de qué estás hecho, que vean tu potencial. Y siempre que lo hagas recuerda estas sabias palabras: "miente como si hoy fuera el último día de tu vida".

viernes, 29 de marzo de 2013

Voyeur

Esa chica era una voyeur, aunque por mucho que le gustara observar, el placer que en ella despertaba el exhibicionismo era cien veces mayor.

La luz inundaba por completo hasta el último rincón de aquel piso que de no ser por la cama que había a un metro de la ventana, se encontraría completamente vacío. A ella le gustaban los focos de LED, aquellos que con su intensa luz blanca bañaban su propia piel en una palidez marfileña que hacía resaltar aún más el azabache de su cabello cayéndole por la espalda llena de arañazos y cortaduras, remanentes de su último encuentro amoroso, que aún no habían terminado de cicatrizar.

Ellos dos se hallaban en el piso 11 de un enorme rascacielos en el centro de la ciudad, pero la chica había organizado una fiesta a la que había invitado a centenares de personas en el apartamento de ella, el cual se hallaba en el edificio contiguo, un poco por encima de ellos y a escasos metros, con la premeditada intención de que todos los asistentes de la fiesta, pudieran observar hacia el edificio de enfrente y ver el espectáculo que la chica y él mismo ofrecían en el piso desierto, con una luz casi cegadora cubriendo sus cuerpos completamente desnudos, mientras el sudor destilado por sus poros al tener sexo con intensa furia les recorría la piel dotándola de un brillo casi supernatural, como si fueran dos individuos pertenecientes a alguna especie superior, evolucionada.

El chico sabía que muy probablemente al día siguiente ellos se convertirían en la sensación momentánea de los videos en Internet, pero eso realmente le traía sin cuidado, al menos en ese momento en que los generosos senos de la chica se aplastaban contra el inmenso cristal de tres metros de altura, y él la embestía una y otra vez por detrás con una ira avasalladora proveniente del pozo más profundo de su alma, como si no existiera mañana, como si en ese instante tuviera que hacerla suya para siempre, como si la vida se le fuera en ello.

Hasta que sus cuerpos, que estaban aún más sincronizados de lo que ellos mismos eran conscientes, alcanzaron el extático punto del clímax y ambos cayeron rendidos sobre la cama, bajo la atenta mirada de centenares de pares de ojos ante los cuales habían dado el espectáculo de sus vidas.

lunes, 4 de marzo de 2013

Harkonnens: Príncipes en el exilio II.

En ese momento, en aquel oscuro bar, Raykof "El Toro" Harkonnen se preguntó cómo sería tener una ideología, cómo sería el haber tenido alguna vez un sentido de pertenencia, algo que no conoció ni siquiera en sus años de juventud.

Aunque a decir verdad, aunque no lo quisiera admitir ni siquiera en su fuero interno, sí que tenía una ideología. La ideología del odio y el resentimiento, compartida con el resto de Harkonnens de todas las generaciones anteriores forzadas a vivir en el exilio en un planeta gélido y apartado del Imperio.Un planeta al que se habían adaptado y a partir del cual habían labrado una riqueza que ahora los posicionaría como una de las familias más influyentes, como siempre debió haber sido.

Tomó el vaso con cerveza, de un sabor tan artificial como lo era el resto de ese planeta industrializado, entre su enorme mano y de un solo trago lo apuró.

Fue entonces cuando uno de esos soldados, apostados en un planeta en el cual no ocurría nunca nada emocionante y por tanto aburridos de la monótona rutina, reparó en la insignia que representaba un enorme toro de bronce, símbolo característico de la casa Harkonnen, que adornaba su pecho.

-¡Vaya, que tenemos aquí!- gritó el soldado, haciéndose oír por encima del sonido de la lúgubre y acompasada música que llenaba el recinto, dirigiéndose hacia Raykof- ¡Pero sí es un noble de la familia Harkonnen, honrándonos con su presencia, apestando el lugar con el sucio aroma de los traidores!- gritó en tono sarcástico mientras parodiaba una reverencia.

-No busco problemas- se limitó a responder "El Toro" con voz grave pero queda.

-Al parecer ellos te encontraron a ti.   

El soldado volteó a ver a sus camaradas, buscando la mirada de aprobación ante su frase que pretendía ser incitante, pero sólo llegaba a ser un cliché. Estos sonrieron y eso le hizo sentir confianza para seguir molestando a alguien del tamaño y la robustez de Raykof. Estos dos atributos, aunados a su taciturno humor, eran los que le habían granjeado el apodo de "El Toro", además que era una especie de honor, siendo este animal, el emblema de su familia.

-Veo que estás ansioso por ser golpeado- dijo Raykof en tono sombrío, apartando el vaso, haciéndolo a un lado y poniéndose en pie.

Su esposa acababa de morir, todo por lo que había luchado había dejado de valer la pena, sus esperanzas se habían esfumado en el momento en que el brillo de sus ojos verdes, acompañado por el rubor de su nívea piel, abandonó el mundo. Quizá sus primos tuvieran razón, tal vez la única forma de encontrar paz era mediante la fuerza, sometiendo a los débiles y recuperando por la fuerza el lugar que les correspondía. Toda su vida había tratado de seguir un camino de rectitud, y eso no había hecho sino llevarlo hasta un callejón sin salida.

-Salgamos- le espetó al soldado bravucón, retándolo obviamente a un duelo.

Su transformación había comenzado, y la muerte de ese soldado sería el catalizador que marcaría el inicio de una nueva era para él y para su familia.

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Capítulos anteriores:

Harkonnens: Lenkiviel 


Nota del Autor:

En la entrada anterior mencioné a Iblis Ginjo, este hombre también vivía en la Tierra, y al ser capataz, era un esclavo que gozaba de cierta posición privilegiada entre las máquinas y un poco de libertad, lo cual le permite buscar a humanos rebeldes que le ayuden a librar una rebelión contra las máquinas.

Si bien en el primer libro Iblis en un gran héroe, al liderar la primer revuelta; en el segundo libro se convierte en un personaje vil y corrompido por su sed de poder. Y este es un personaje clave para entender por qué el nombre de Xavier Harkonnen se vuelve un apellido maldecido por la historia. Pero eso es algo que les platicaré más adelante.

Lo que ahora nos interesa es saber qué pasó después de que tanto Iblis como Vorian y Serena escapan de la Tierra.

Llegan a Selusa Secundus y sin perder un solo segundo, Serena los lleva hasta Xavier, quien al dar por muerta a Serena, se ha casado con Octa, la hermana de ésta. Este es el primer encuentro que tiene un Atreides con un Harkonnen...

Vorian Atreides y Xavier Harkonnen rápido trazan un plan: aprovechar la confusión que hay en la Tierra, acompañada de un nuevo invento recién descubierto por los humanos, para asestar un golpe catastrófico a las máquinas. Planean bombardear la Tierra con atómicas, hacer desaparecer para siempre la base central de todo el poder de Omnius, aunque esto conlleve asesinar junto a las máquinas a todos los humanos esclavizados.

El invento del que se valen para poder llevar a cabo esta temeraria excursión son los Escudos Holtzman. Estos escudos, creados casi por accidente por Tio Holtzman, son una especie de barrera protectora invisible que puede rodear un cuerpo, o una nave y protegerla de los impactos de los misiles. Lo cual hace posible que la flota de los humanos libres sea capaz de acercarse lo suficiente a la Tierra como para lanzar el funesto ataque con bombas atómicas que dejará la Tierra convertida en un yermo planetario desolado.

Xavier Harkonnen es el responsable de encabezar este ataque y de dar la orden para desolar la Tierra.

Él mismo sabe que su nombre quedará manchado para siempre, que el apellido Harkonnen estará por siempre asociado en la historia con la destrucción de la Tierra, la cuna de la humanidad.

sábado, 9 de febrero de 2013

Anti-héroe.

El rojo de la ira ascendió de golpe a sus ojos, asomándose como el fuego devorador del dragón, a diferencia del lento y rítmico cosquilleo ascendente que antecede al orgasmo. La chica sintió cómo una lujuria agazapada ahora se desperezaba como el león que está a punto de brincar sobre su presa, se abría paso desde su bajo vientre, le rodeaba los labios de la vagina, implosionando en el clítoris y avanzando mediante espasmos eléctricos que le recorrían los muslos y descendían, haciendo que los músculos de sus pantorrillas se tensaran al ritmo eléctrico, paralizante y eufórico del orgasmo, desbordándose finalmente hasta en los dedos de los pies, los cuales se doblaban hasta el éxtasis, como si supieran que eran el último bastión del cuerpo antes que el placer se marchara y quisieran de esta manera impedirlo.

Entonces el hombre vio los ojos de la chica y antes de que su mente racional lo entendiera, antes de siquiera haber concretado una idea racional, su cuerpo tembló de miedo. Eso era quizá lo que la gente llamaba premoniciones, un impulso increíblemente poderoso, místico, inexplicable, algo que la mente no comprende pero que el cuerpo conoce sin saber cómo.

La chica era una bounty-hunter –una cazarecompensas –, y la recompensa por la captura de aquel sujeto, vivo o muerto, era más que jugosa. Durante todo el rato, su atención jamás se desvió, jamás se desenfocó, ni siquiera en el pletórico momento del éxtasis se permitió distraerse.

Tomó el cuchillo guardado bajo la almohada, y mientras el hombre que permanecía sobre ella aún sufría de los espasmos remanentes del orgasmo, se lo clavó en la yugular y le dio vuelta al mango. Un chorro de sangre le cubrió los senos convirtiendo el rosa de las aureolas en un color rojo tan denso que casi parecía negro.

Serena saboreó ese delicioso instante, desnuda y bañada en sangre, relamiéndose ante la perspectiva del dinero fácil que le esperaba cuando entregara el cadáver.  

sábado, 2 de febrero de 2013

Creepy boy.

Al verla, su corazón dio un vuelco. Por un momento, el tiempo se detuvo, la gravedad dejó de existir, la Tierra perdió su eje, en fin, cuando sus ojos se cruzaron, las leyes de la física desaparecieron, al menos para él. Tenía 17 años y aún lucía como alguien de 14, pero eso no le impidió fijarse en aquella chica, más bien en aquella mujer, que bien podría doblarle la edad, e imaginar cómo sería la vida a su lado. Se había quitado los lentes, para no parecer tan nerd, intentando ocultar lo indisimulable. Se los volvió a poner y reanudó la marcha. Se puso el libro bajo el brazo y camino con paso decidido, lleno de confianza, hacia ella.

Cuando ella volteó el rostro, el chico simplemente se quedó sin aire, las piernas le fallaron y sus dos pulmones parecían espirar y expirar a ritmos distintos. Todo lo que podía ver, lo único que su sistema percibía, eran sus cabellos de oro y plata, sus ojos iridiscentes que bajo el rayo del sol matutino se volvían verdes sin perder el tono grisáceo del cual se había enamorado unos minutos atrás, la piel nívea que refulgía bajo la luz solar que se reflejaba contra ella, mientras que todo a su alrededor se había desvanecido.

Por primera vez en la vida, se había planteado la idea de formar una familia, si pudiera envejecer al lado de esa mujer, sería el ser más feliz del planeta, daría lo que fuera por compartir una vida con ella.
 
Entonces, cuando estaba a punto de hablarle, cuando finalmente hizo acopio de todo el valor que un chico como él era capaz de reunir, un ser inmenso se materializó frente a la chica. Un gorila, una aberración de músculos hinchados con esteroides y demás sustancias químicas.

Entonces, ese ser humano gigante y musculoso, se acercó a la mujer de sus sueños y el chico miró impotente cómo la besaba. Entonces se fijo en el dedo anular de ambos y oh sorpresa, ambos llevaban alianzas similares. Estaban casados.

El espíritu le cayó a los pies, su alma quedó desnuda, un hueco se abrió paso en su corazón hasta formar una fisura y algo muy dentro de él se rompió, un tornillo que jamás volvería a encontrar el camino de regreso se desatornillo para siempre.

Giró el cuerpo en 180 grados y comenzó a caminar en dirección opuesta a la chica, sin voltear jamás la vista hacia atrás.

viernes, 1 de febrero de 2013

Die as a free man.

El caballero de la antigua -o más bien extinta-, orden de Solan, llevó la mano hasta la empuñadura de su espada, la cual permanecía enfundada en su cinto, preparándose para morir peleando. En cuanto el primer rufián se abalanzó hacia él, la saco con un único y rápido movimiento y se defendió como pudo de la estocada de su agresor. Los otros dos compinches del rufián no tardaron en unirse a la trifulca.

       Morir por salvar la vida de la chica de ojos de jade. No se le ocurría una mejor manera de morir. Desearía no estar medio borracho, ni en el callejón trasero de aquella taberna de mala muerte. El alcohol de la cerveza de barril si bien no lo había embriagado del todo, sí había hecho que el antiguo guerrero ya hubiera traspasado la barrera de aquel agradable primer achispamiento que viene antes de la embriaguez, el momento en que uno comienza a sentirse invencible, pero aun conserva intactas todas sus facultades.

       Sostenía su espada a la altura del hombro como si se tratara de una daga, con la punta hacia el suelo, y la mano izquierda en la base de la empuñadura labrada en caoba e incrustada de cristales preciosos. Si estuviera en un campo de batalla, tendría el escudo en una mano y la espada en otra, y podría asestar estocadas y arremeter con el escudo, y también podría defenderse con ambos de los ataques enemigos; pero como no era el caso, al atacar tenía que imprimir toda la fuerza de sus dos brazos y cuerpo únicamente en la espada, y confiar en que sus reflejos le ayudaran a detener las puntiagudas dagas que se estrellaban contra su acero como una lluvia de metales y le rozaban la cota de malla.

La embriaguez salió de su sistema cabalgando las gruesas gotas de sudor que resbalaban por su frente y mejillas.

Probablemente no hubiera tardado en morir aquella tibia noche de enero. Puede que estuviera tratando con simples bravucones, truhanes que poca cosa sabían sobre pelear con una espada de verdad, pero él ya no era ningún joven y tarde o temprano la superioridad numérica de sus inexpertos atacantes bastaría para hacerlo sucumbir.

Pero la mujer con ojos cristalinos lo salvó. Aprovechó que sus asaltantes se habían olvidado de ella, tomó una enorme piedra y acercándose por la espalda, se la clavó en el cráneo al más alto de los tres. Esta distracción sirvió para que el caballero finalmente pudiera asestar una estocada certera y así derribó al segundo, sacó la espada chorreante de su vientre y el hombre se desplomó, cuando sólo quedó un hombre, el guerrero no tuvo que hacer más que pasar del modo defensivo en que se hallaba a un ataque violento y rapaz para aniquilarlo.

Cuando los tres hombres que habían intentado violar a la mujer (ahora que la apreciaba con atención, se percató de que acababa de salir de la adolescencia), hubieron muerto, ella le ofreció al agotado guerrero una mirada tan intensa, profunda y eterna que él no pudo evitar enamorarse para siempre de ella.