lunes, 14 de octubre de 2013

Delta Force.

        El hombre se puso en pie, tomó su rifle semi-automático M6 con el brazo derecho, el que aún no estaba inutilizado y escupió sobre el hombro; pero lo que salió de su boca no fue sino una masa viscosa de sangre combinada con saliva. el hombro izquierdo era una masa sanguinolenta y el hueso asomaba por donde debería estar el bíceps tonificado.Su traje de camuflaje verdoso, se había tornado rojo.

       Caminó con paso trémulo y divergente, con piernas vacilantes hacia la camioneta roja, de donde habían salido los cinco hombres que los habían atacado por sorpresa a él y a su compañero. No habían sido particularmente ágiles o sigilosos, sólo tenían una pequeña gran ventaja, el RPG con el que le habían disparado a la Humvee en que los dos Delta se transportaban. Al recibir el impacto del misil la camioneta salió disparada hacia el arcén para caer sobre la cuneta,  con las llantas hacia el cielo, como una cucaracha con el cuerpo tumbado hacia arriba, inutilizada. Su compañero -Delta 1-, murió al instante, con el volante incrustado en el rostro, mucho antes de saber siquiera qué había pasado. Se había ganado un pase indoloro y expedito al infierno.

         Pero esos sujetos, esos malditos indígenas con turbantes, o locales, si uno quería designarlos con un término menos peyorativo, no tenían idea de lo que era meterse con un Delta.

         Así que sin salir de la camioneta, de cabeza, tomó su rifle y con precisión mortal disparó cinco tiros, cada uno de ellos abatió a un hombre. Luego salió arrastrándose lastimeramente del auto, como un feto que sale por sí mismo del vientre, lleno de sangre y con huesos rotos.

         Pero uno de los hombres aún respiraba, así que siguió caminando hasta llegar junto a él. Alzó la bota y le pateó la quijada, la cual se rompió con un estentóreo chasquido, una descarga de dolor le recorrió la espalda, cruzado a través de todos los huesos rotos. El hombre aún respiraba.

        Delta 2 apuntó el rifle con su único brazo servible y disparó una única bala que le arrancó los dientes al hombre, y derramó sus sesos en el pavimento. 

domingo, 13 de octubre de 2013

La chica que nunca fue.

       Una lagrima salada como la brisa del mar le recorrió la mejilla y murió en sus labios. La chica, hermosa pero ingenua, se había dejado engañar por el traje Armani que vestía el hombre la noche anterior, por el corte de cabello de 50 dólares, su elegancia al hablar, el vocabulario aristocrático repleto de palabras que ella apenas lograba entender.

       Su cuerpo entero clamaba por que se abandonara al llanto, le pedía que se hiciera un ovillo y se metiera entre las sábanas y no saliera de ahí nunca más. Pero ella no era así, tenía que controlar la situación, poner manos a la obra, e intentar no pensar.

       Se levantó de la cama, no traía puesto nada más que las diminutas bragas, buscó el resto de su ropa, desperdigada por el suelo de la lujosa habitación, y se apresuró a vestirse. Revisó una vez más la nota que el tipo había dejado sobre el buró. Debía haberlo sospechado. Cuando él ofreció ir a un hotel en vez de a su casa, eso debía haber disparado al menos unas cuantas alarmas en su subconsciente. Pero ella, hechizada por el embrujo encantador, las había pasado por alto. Obviamente era un hombre casado, era la única razón por la cual un hombre atractivo no llevaría a una chica como ella a su casa, sobre todo con lo despampanante que lucía la noche anterior, con tacones altos y falda aún más corta. Pero ella se había negado a verlo.

       Entró al baño, se paró junto a la tina, recargó las manos en el lavabo y observó su rostro con atención. Un largo mechón rubio cruzaba su rostro, justo por encima del ojo izquierdo, unas ojeras púrpuras enmarcaban sus ojos, añadiéndoles una profundidad que los hacía parecer los de un ángel de alguna de esas pinturas barrocas. Sus labios gruesos y rojos resaltaban en contraste a la pálida tez de sus mejillas. Pero su cerebro parecía palpitar de ira dentro de las paredes de su cráneo, el dolor semejante a una hinchazón le nublaba los pensamientos, como si estuvieran enlazados entre sí únicamente por una vaga y fina conexión.

       Sin que fuera consciente de ello, una sonrisa comenzó a dibujarse en la comisura de sus labios. Si alguien hubiera presenciado ese momento, habría visto cómo el rostro de la chica durante una fracción de segundo se deformaba en una mueca maliciosa, habría visto un atisbo de locura en sus ojos.

       Tendría su venganza, de eso estaba segura.

       Sarah -su hermana- la vigilaba siempre. Y ella presentía que la noche anterior no había sido diferente, pese a que habían reñido por la tarde.

No sólo lo presentía, contaba con ello, lo deseaba.












     

martes, 8 de octubre de 2013

Manual del pequeño gran mentiroso. Lección 2: "The little Bull-Shitter"

Remordimientos. Una palabra que debes eliminar, no, extirpar de tu vocabulario.

Si eres inteligente sabrás que el remordimiento es un peso con el que no puedes cargar, al menos no durante un periodo extenso de tiempo, es como un yugo bajo el cual tu espalda se doblega y termina por romperse. Por eso, si no eres capaz de deshacerte de los sentimientos de culpa, o cuando menos anestesiarlos, entonces mi querido amigo, es hora de que abandones esta lectura, porque te tengo una desagradable noticia; no naciste para ser un little Bull-Shitter. 

Pero el hecho de sentir culpa, o algún tipo de malestar, ya sea físico o emocional, al mentir, no debe avergonzarte, al fin y al cabo todos somos humanos, y sería antinatural el no tener estos sentimientos, sería hasta un tanto creepy. 

 El truco entonces no está en no sentir culpa, es un sentimiento humano de lo más normal, pero si quieres poder mentir como un profesional, como lo haría un verdadero actor de método, entonces debes desarrollar tus propias técnicas para lidiar con ella, para darle la mano como haría un tierno amante y llevar a la culpa (siempre bien sujeta por la muñeca, pero con delicadeza al mismo tiempo, para que ni sospeche ni se pueda librar tampoco)  hasta el borde del precipicio. Susurrarle tiernas palabras al oído, derramar la miel espesa que brota de tus labios sobre su receptivo oído.

Y justo en el momento más álgido, cuando tus palabras la hagan recorrer un sendero hacia el orgasmo, entonces y sólo entonces, posarás tu cariñosa mano en su espalda y la empujarás hacia el vacío.

No debes de evitar la culpa, al contrario, debes abrazarla, comprenderla, amarla, y sólo cuando hayas terminado este proceso, podrás desecharla como el verdadero peso muerto que es.

lunes, 7 de octubre de 2013

Manual del pequeño gran mentiroso. Lección 1.

El truco no está en la mentira; ésta puede ser tan grande como quieras y de la índole más variada que tu pequeña y retorcida mente sea capaz de crear.

No, el verdadero encanto de una mentira bien contada, reside -escucha bien-, en los detalles, y entre más pequeños sean, mayor credibilidad tendrá tu historia.

Puedes decirle a la chica que eres astronauta, si lo quieres. Obviamente, ninguna chica te creerá, al menos no de antemano, pero cuando comiences a usar jerga que sólo un ingeniero usaría, cuando los movimientos de tus ojos y manos se asemejen a los de alguien que ha pasado su juventud y parte de su vida adulta entre libros, estudiando, entonces y sólo entonces tu mentira comenzará a cobrar forma.

No se trata de interpretar un papel; mas bien es sobre ser el personaje, no por completo, sólo en los pequeños rasgos, en los detalles.

          Si quieres pasar por un actor, tendrías que hablar de emotividad, de sentimientos, de sentir la vida y  no sólo vivirla, y mierda por el estilo; si quisieras que creyeran que eres un programador informático, usarías términos como variables, líneas de código, bugs y virus informáticos, o harías torpes analogías entre la realidad virtual (o VR, metiéndonos aún más en el personaje), y la realidad física.

No es una tarea sencilla, requiere esfuerzo, dedicación, pero sobre todo, centrar todo tu poder de concentración para que no haya grietas en tu historia.

          Así que, ¿a qué estás esperando eh? Sal al mundo y comienza a poner en práctica lo aprendido hoy. Muéstrale al mundo de qué estás hecho, que vean tu potencial. Y siempre que lo hagas recuerda estas sabias palabras: "miente como si hoy fuera el último día de tu vida".

viernes, 29 de marzo de 2013

Voyeur

Esa chica era una voyeur, aunque por mucho que le gustara observar, el placer que en ella despertaba el exhibicionismo era cien veces mayor.

La luz inundaba por completo hasta el último rincón de aquel piso que de no ser por la cama que había a un metro de la ventana, se encontraría completamente vacío. A ella le gustaban los focos de LED, aquellos que con su intensa luz blanca bañaban su propia piel en una palidez marfileña que hacía resaltar aún más el azabache de su cabello cayéndole por la espalda llena de arañazos y cortaduras, remanentes de su último encuentro amoroso, que aún no habían terminado de cicatrizar.

Ellos dos se hallaban en el piso 11 de un enorme rascacielos en el centro de la ciudad, pero la chica había organizado una fiesta a la que había invitado a centenares de personas en el apartamento de ella, el cual se hallaba en el edificio contiguo, un poco por encima de ellos y a escasos metros, con la premeditada intención de que todos los asistentes de la fiesta, pudieran observar hacia el edificio de enfrente y ver el espectáculo que la chica y él mismo ofrecían en el piso desierto, con una luz casi cegadora cubriendo sus cuerpos completamente desnudos, mientras el sudor destilado por sus poros al tener sexo con intensa furia les recorría la piel dotándola de un brillo casi supernatural, como si fueran dos individuos pertenecientes a alguna especie superior, evolucionada.

El chico sabía que muy probablemente al día siguiente ellos se convertirían en la sensación momentánea de los videos en Internet, pero eso realmente le traía sin cuidado, al menos en ese momento en que los generosos senos de la chica se aplastaban contra el inmenso cristal de tres metros de altura, y él la embestía una y otra vez por detrás con una ira avasalladora proveniente del pozo más profundo de su alma, como si no existiera mañana, como si en ese instante tuviera que hacerla suya para siempre, como si la vida se le fuera en ello.

Hasta que sus cuerpos, que estaban aún más sincronizados de lo que ellos mismos eran conscientes, alcanzaron el extático punto del clímax y ambos cayeron rendidos sobre la cama, bajo la atenta mirada de centenares de pares de ojos ante los cuales habían dado el espectáculo de sus vidas.

lunes, 4 de marzo de 2013

Harkonnens: Príncipes en el exilio II.

En ese momento, en aquel oscuro bar, Raykof "El Toro" Harkonnen se preguntó cómo sería tener una ideología, cómo sería el haber tenido alguna vez un sentido de pertenencia, algo que no conoció ni siquiera en sus años de juventud.

Aunque a decir verdad, aunque no lo quisiera admitir ni siquiera en su fuero interno, sí que tenía una ideología. La ideología del odio y el resentimiento, compartida con el resto de Harkonnens de todas las generaciones anteriores forzadas a vivir en el exilio en un planeta gélido y apartado del Imperio.Un planeta al que se habían adaptado y a partir del cual habían labrado una riqueza que ahora los posicionaría como una de las familias más influyentes, como siempre debió haber sido.

Tomó el vaso con cerveza, de un sabor tan artificial como lo era el resto de ese planeta industrializado, entre su enorme mano y de un solo trago lo apuró.

Fue entonces cuando uno de esos soldados, apostados en un planeta en el cual no ocurría nunca nada emocionante y por tanto aburridos de la monótona rutina, reparó en la insignia que representaba un enorme toro de bronce, símbolo característico de la casa Harkonnen, que adornaba su pecho.

-¡Vaya, que tenemos aquí!- gritó el soldado, haciéndose oír por encima del sonido de la lúgubre y acompasada música que llenaba el recinto, dirigiéndose hacia Raykof- ¡Pero sí es un noble de la familia Harkonnen, honrándonos con su presencia, apestando el lugar con el sucio aroma de los traidores!- gritó en tono sarcástico mientras parodiaba una reverencia.

-No busco problemas- se limitó a responder "El Toro" con voz grave pero queda.

-Al parecer ellos te encontraron a ti.   

El soldado volteó a ver a sus camaradas, buscando la mirada de aprobación ante su frase que pretendía ser incitante, pero sólo llegaba a ser un cliché. Estos sonrieron y eso le hizo sentir confianza para seguir molestando a alguien del tamaño y la robustez de Raykof. Estos dos atributos, aunados a su taciturno humor, eran los que le habían granjeado el apodo de "El Toro", además que era una especie de honor, siendo este animal, el emblema de su familia.

-Veo que estás ansioso por ser golpeado- dijo Raykof en tono sombrío, apartando el vaso, haciéndolo a un lado y poniéndose en pie.

Su esposa acababa de morir, todo por lo que había luchado había dejado de valer la pena, sus esperanzas se habían esfumado en el momento en que el brillo de sus ojos verdes, acompañado por el rubor de su nívea piel, abandonó el mundo. Quizá sus primos tuvieran razón, tal vez la única forma de encontrar paz era mediante la fuerza, sometiendo a los débiles y recuperando por la fuerza el lugar que les correspondía. Toda su vida había tratado de seguir un camino de rectitud, y eso no había hecho sino llevarlo hasta un callejón sin salida.

-Salgamos- le espetó al soldado bravucón, retándolo obviamente a un duelo.

Su transformación había comenzado, y la muerte de ese soldado sería el catalizador que marcaría el inicio de una nueva era para él y para su familia.

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Esta historia continúa en:



Capítulos anteriores:

Harkonnens: Lenkiviel 


Nota del Autor:

En la entrada anterior mencioné a Iblis Ginjo, este hombre también vivía en la Tierra, y al ser capataz, era un esclavo que gozaba de cierta posición privilegiada entre las máquinas y un poco de libertad, lo cual le permite buscar a humanos rebeldes que le ayuden a librar una rebelión contra las máquinas.

Si bien en el primer libro Iblis en un gran héroe, al liderar la primer revuelta; en el segundo libro se convierte en un personaje vil y corrompido por su sed de poder. Y este es un personaje clave para entender por qué el nombre de Xavier Harkonnen se vuelve un apellido maldecido por la historia. Pero eso es algo que les platicaré más adelante.

Lo que ahora nos interesa es saber qué pasó después de que tanto Iblis como Vorian y Serena escapan de la Tierra.

Llegan a Selusa Secundus y sin perder un solo segundo, Serena los lleva hasta Xavier, quien al dar por muerta a Serena, se ha casado con Octa, la hermana de ésta. Este es el primer encuentro que tiene un Atreides con un Harkonnen...

Vorian Atreides y Xavier Harkonnen rápido trazan un plan: aprovechar la confusión que hay en la Tierra, acompañada de un nuevo invento recién descubierto por los humanos, para asestar un golpe catastrófico a las máquinas. Planean bombardear la Tierra con atómicas, hacer desaparecer para siempre la base central de todo el poder de Omnius, aunque esto conlleve asesinar junto a las máquinas a todos los humanos esclavizados.

El invento del que se valen para poder llevar a cabo esta temeraria excursión son los Escudos Holtzman. Estos escudos, creados casi por accidente por Tio Holtzman, son una especie de barrera protectora invisible que puede rodear un cuerpo, o una nave y protegerla de los impactos de los misiles. Lo cual hace posible que la flota de los humanos libres sea capaz de acercarse lo suficiente a la Tierra como para lanzar el funesto ataque con bombas atómicas que dejará la Tierra convertida en un yermo planetario desolado.

Xavier Harkonnen es el responsable de encabezar este ataque y de dar la orden para desolar la Tierra.

Él mismo sabe que su nombre quedará manchado para siempre, que el apellido Harkonnen estará por siempre asociado en la historia con la destrucción de la Tierra, la cuna de la humanidad.

sábado, 9 de febrero de 2013

Anti-héroe.

El rojo de la ira ascendió de golpe a sus ojos, asomándose como el fuego devorador del dragón, a diferencia del lento y rítmico cosquilleo ascendente que antecede al orgasmo. La chica sintió cómo una lujuria agazapada ahora se desperezaba como el león que está a punto de brincar sobre su presa, se abría paso desde su bajo vientre, le rodeaba los labios de la vagina, implosionando en el clítoris y avanzando mediante espasmos eléctricos que le recorrían los muslos y descendían, haciendo que los músculos de sus pantorrillas se tensaran al ritmo eléctrico, paralizante y eufórico del orgasmo, desbordándose finalmente hasta en los dedos de los pies, los cuales se doblaban hasta el éxtasis, como si supieran que eran el último bastión del cuerpo antes que el placer se marchara y quisieran de esta manera impedirlo.

Entonces el hombre vio los ojos de la chica y antes de que su mente racional lo entendiera, antes de siquiera haber concretado una idea racional, su cuerpo tembló de miedo. Eso era quizá lo que la gente llamaba premoniciones, un impulso increíblemente poderoso, místico, inexplicable, algo que la mente no comprende pero que el cuerpo conoce sin saber cómo.

La chica era una bounty-hunter –una cazarecompensas –, y la recompensa por la captura de aquel sujeto, vivo o muerto, era más que jugosa. Durante todo el rato, su atención jamás se desvió, jamás se desenfocó, ni siquiera en el pletórico momento del éxtasis se permitió distraerse.

Tomó el cuchillo guardado bajo la almohada, y mientras el hombre que permanecía sobre ella aún sufría de los espasmos remanentes del orgasmo, se lo clavó en la yugular y le dio vuelta al mango. Un chorro de sangre le cubrió los senos convirtiendo el rosa de las aureolas en un color rojo tan denso que casi parecía negro.

Serena saboreó ese delicioso instante, desnuda y bañada en sangre, relamiéndose ante la perspectiva del dinero fácil que le esperaba cuando entregara el cadáver.  

sábado, 2 de febrero de 2013

Creepy boy.

Al verla, su corazón dio un vuelco. Por un momento, el tiempo se detuvo, la gravedad dejó de existir, la Tierra perdió su eje, en fin, cuando sus ojos se cruzaron, las leyes de la física desaparecieron, al menos para él. Tenía 17 años y aún lucía como alguien de 14, pero eso no le impidió fijarse en aquella chica, más bien en aquella mujer, que bien podría doblarle la edad, e imaginar cómo sería la vida a su lado. Se había quitado los lentes, para no parecer tan nerd, intentando ocultar lo indisimulable. Se los volvió a poner y reanudó la marcha. Se puso el libro bajo el brazo y camino con paso decidido, lleno de confianza, hacia ella.

Cuando ella volteó el rostro, el chico simplemente se quedó sin aire, las piernas le fallaron y sus dos pulmones parecían espirar y expirar a ritmos distintos. Todo lo que podía ver, lo único que su sistema percibía, eran sus cabellos de oro y plata, sus ojos iridiscentes que bajo el rayo del sol matutino se volvían verdes sin perder el tono grisáceo del cual se había enamorado unos minutos atrás, la piel nívea que refulgía bajo la luz solar que se reflejaba contra ella, mientras que todo a su alrededor se había desvanecido.

Por primera vez en la vida, se había planteado la idea de formar una familia, si pudiera envejecer al lado de esa mujer, sería el ser más feliz del planeta, daría lo que fuera por compartir una vida con ella.
 
Entonces, cuando estaba a punto de hablarle, cuando finalmente hizo acopio de todo el valor que un chico como él era capaz de reunir, un ser inmenso se materializó frente a la chica. Un gorila, una aberración de músculos hinchados con esteroides y demás sustancias químicas.

Entonces, ese ser humano gigante y musculoso, se acercó a la mujer de sus sueños y el chico miró impotente cómo la besaba. Entonces se fijo en el dedo anular de ambos y oh sorpresa, ambos llevaban alianzas similares. Estaban casados.

El espíritu le cayó a los pies, su alma quedó desnuda, un hueco se abrió paso en su corazón hasta formar una fisura y algo muy dentro de él se rompió, un tornillo que jamás volvería a encontrar el camino de regreso se desatornillo para siempre.

Giró el cuerpo en 180 grados y comenzó a caminar en dirección opuesta a la chica, sin voltear jamás la vista hacia atrás.

viernes, 1 de febrero de 2013

Die as a free man.

El caballero de la antigua -o más bien extinta-, orden de Solan, llevó la mano hasta la empuñadura de su espada, la cual permanecía enfundada en su cinto, preparándose para morir peleando. En cuanto el primer rufián se abalanzó hacia él, la saco con un único y rápido movimiento y se defendió como pudo de la estocada de su agresor. Los otros dos compinches del rufián no tardaron en unirse a la trifulca.

       Morir por salvar la vida de la chica de ojos de jade. No se le ocurría una mejor manera de morir. Desearía no estar medio borracho, ni en el callejón trasero de aquella taberna de mala muerte. El alcohol de la cerveza de barril si bien no lo había embriagado del todo, sí había hecho que el antiguo guerrero ya hubiera traspasado la barrera de aquel agradable primer achispamiento que viene antes de la embriaguez, el momento en que uno comienza a sentirse invencible, pero aun conserva intactas todas sus facultades.

       Sostenía su espada a la altura del hombro como si se tratara de una daga, con la punta hacia el suelo, y la mano izquierda en la base de la empuñadura labrada en caoba e incrustada de cristales preciosos. Si estuviera en un campo de batalla, tendría el escudo en una mano y la espada en otra, y podría asestar estocadas y arremeter con el escudo, y también podría defenderse con ambos de los ataques enemigos; pero como no era el caso, al atacar tenía que imprimir toda la fuerza de sus dos brazos y cuerpo únicamente en la espada, y confiar en que sus reflejos le ayudaran a detener las puntiagudas dagas que se estrellaban contra su acero como una lluvia de metales y le rozaban la cota de malla.

La embriaguez salió de su sistema cabalgando las gruesas gotas de sudor que resbalaban por su frente y mejillas.

Probablemente no hubiera tardado en morir aquella tibia noche de enero. Puede que estuviera tratando con simples bravucones, truhanes que poca cosa sabían sobre pelear con una espada de verdad, pero él ya no era ningún joven y tarde o temprano la superioridad numérica de sus inexpertos atacantes bastaría para hacerlo sucumbir.

Pero la mujer con ojos cristalinos lo salvó. Aprovechó que sus asaltantes se habían olvidado de ella, tomó una enorme piedra y acercándose por la espalda, se la clavó en el cráneo al más alto de los tres. Esta distracción sirvió para que el caballero finalmente pudiera asestar una estocada certera y así derribó al segundo, sacó la espada chorreante de su vientre y el hombre se desplomó, cuando sólo quedó un hombre, el guerrero no tuvo que hacer más que pasar del modo defensivo en que se hallaba a un ataque violento y rapaz para aniquilarlo.

Cuando los tres hombres que habían intentado violar a la mujer (ahora que la apreciaba con atención, se percató de que acababa de salir de la adolescencia), hubieron muerto, ella le ofreció al agotado guerrero una mirada tan intensa, profunda y eterna que él no pudo evitar enamorarse para siempre de ella.

martes, 29 de enero de 2013

Piroquinesia.

La evolución no se detuvo con la telequinesia, no.

Piroquinesia, telepatía, electroquinesia, invasores de mente, y otras cosas tan llamativas como devastadoras.

La fría noche, plagada de estrellas de mal agüero, en que llegaron a casa de John Lucen, él sabía que los matarían. No había nada que su incipiente telequinesis pudiera hacer en contra de sus atacantes.

Uno de ellos era un sujeto que había servido junto a Lucen en el ejército, Scott Irving,  un sociópata que se había alistado sólo para tener una manera legal de matar. Después de que la plaga se hubiera extendido, despertando poderes en un pequeño porcentaje de la población, él había desarrollado una potente piroquinesia que no había tardado en entrenar hasta llegar a convertirla en un arma más que letal.

Todo el tiempo brotaban llamas naranjas de sus manos, las cuales danzaban alegremente, con una vitalidad espeluznante, y ni siquiera le importaba el daño que le causaban a su piel, la cual parecía bañada en pintura de color rojo sangre.

-¡Corre!- gritó con la desesperación clavada en la voz como hierro caliente.

Eso fue lo último que le dijo a su esposa.

El tipo que acompañaba a Irving, un invasor, entró a su mente tras dejarlo inconsciente y borró cualquier memoria que Lucen pudiera tener sobre su familia, su esposa e hijo desaparecieron para siempre de sus recuerdos, dejándolo sumido en una total negrura, en el olvido, en el frío y negro abismo de la soledad. Mientras, Irving arrasó su casa con llamas infinitas que se esparcieron como dedos anhelantes, buscando presas, cosas que devorar para seguirse esparciendo, para crecer más y más, como si poseyeran vida propia y tuvieran hambre.

La Organización incriminó a Lucen del asesinato de su familia, y sin memoria, no tuvo argumento alguno válido para defenderse, más allá de la demencia. Así que el estado se limitó a encerrarlo.

Jamás recordaría de nuevo a su familia. Pero siempre existiría un oscuro pedazo de su ser, resguardado en su interior, oculto incluso para él mismo, donde sabría que alguna vez había sido feliz.

Ahora, quedaba poco menos que un cascarón vacío, carente de emociones, donde una vez había estado su corazón. Y justo así era como La Organización quería que fuera.

lunes, 21 de enero de 2013

Vanity.

Hace tiempo que había dejado de considerar a ninguna chica demasiado atractiva para él. Ahora, sentía que todas estaban a su alcance, no tenía más que hacer un leve esfuerzo, casi tan insignificante como señalar con el dedo y cualquier mujer caería rendida ante él.

Esta confianza en sí mismo no había surgido de la nada ni de un día para otro. No, había sido labrada a base de horas de esfuerzo y sudor en el gimnasio y de nudillos lacerados por golpear con ira el saco de box, cimentada en la profunda convicción de que era superior al resto de los mortales. Una convicción que surgió en el momento en que le pagaron su guión en una cifra de siete números, y en dólares.

Un día, al mes de haber concluido su guión, un texto realmente incipiente en el cual su fe no iba más allá de la débil esperanza montada en la tenue ilusión de que alguien encontraría en sus palabras plasmadas sobre el papel, un talento del cual ni él mismo era consciente.

Y así fue, en la modesta agencia literaria a la que lo llevó, tardaron varios meses en leer su manuscrito, por supuesto, pero cuando uno de los agentes finalmente lo hizo, no tardó en llamarlo y decirle que ese guión, ese pedazo de hojas y tinta, era una mina de oro, que podría ser llevado a la pantalla incluso en Hollywood. El agente fue hasta su casa y él firmó un contrato, el cual le concedía el 10 % de todos los beneficios que esa pequeña agencia obtuviera a partir del guión que había escrito encerrado en su diminuta habitación, mientras trataba de evitar pensar en aquella chica que le había roto el corazón de manera tan despreciable.

Así que tras alcanzar el éxito y la fama, algo con lo que el resto de personas sólo puede soñar, había cambiado. Se había vuelto frío, reservado y jugaba con los sentimientos de aquellos que lo rodeaban. No había sido necesario crear una barrera alrededor de su corazón, no, ya que no quedaba nada que proteger, se había limitado a vaciarlo de cualquier sentimiento o emoción que hubiera habitado dentro de él anteriormente.

viernes, 11 de enero de 2013

Mi alma murió.


Los gritos de dolor y agonía incesantes eran el único sonido que había escuchado en los milenios que llevaba ahí; un círculo central, sólo para él,  rodeado por otros ocho, cada uno más grande que el anterior, donde eran castigadas las almas de los mortales que ante los ojos del creador no eran lo suficientemente dignos para entrar al paraíso. La locura había avanzado inexorable, inevitable hasta su cabeza, y como una plaga, se había alojado simbioticamente en su alma, o lo que quedara de ella.


Ya no quedaba nada de lo que anteriormente fuera Lucifer, el idealismo y el arrojo que alguna vez lo caracterizaron, habían muerto ahora y para siempre, era como si el ser grotesco en que lo habían convertido hubiera matado con sus propios puños al ángel de piel nívea y ojos hechizantes que una vez fue para después enterrarlo en el centro de la Tierra, en un lugar del que no existe retorno.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Skinhead (2).

El chico que escondía su ascendencia judía debajo de un cabello cortado al rape, teñido de rubio y playeras de manga corta que en su mayoría contenían plasmada la imagen de una esvástica, se subió los pantalones que habían permanecido enrollados alrededor de sus tobillos durante el corto lapso de tiempo que duró el coito salvaje mantenido contra el basurero en el oscuro callejón con aquella chica de ojos inyectados en sangre, aliento a alcohol y alma impulsada por la adrenalina de la metanfetamina.

Su corazón aún bombeaba sangre a chorros hacia su cerebro, su pene, y hasta el último rincón de su cuerpo. La electricidad de la música del harapiento bar del que acababan de salir aún retumbaba en sus oídos como la humedad que se queda adherida a la ropa horas después de haber sumergido el cuerpo entero en una alberca fría.

Los ojos verdes de la chica estaban perdidos en el infinito; así estarían los de él si no hubiera jurado solemnemente consagrarse al ejercicio para llevar su cuerpo  hacia el siguiente estadio en la escala evolutiva, y esto sólo podía llevarlo a cabo mediante sesiones extenuantes de pesas y evitando cualquier contacto con las sustancias que pudieran retrasar su mejoramiento muscular, por lo tanto, el alcohol y las drogas eran sustancias prohibidas, sustancias para los débiles, no aliviaban el dolor, sólo lo adormecían, y él estaba harto de vivir en un sueño, quería sentir dolor, ira, odio, quería que los puños le quemaran como fuego ardiente si golpeaba a alguien, quería sentir también el placer repulsivo que provoca recibir una paliza, no quería vivir tras un velo de entumecimiento emocional.

La chica le ha dicho algo, pero él la ha ignorado, y eso la ha echo ponerse como loca.

-¡Cállate! -la voz que surge de él parece distante, como si perteneciera a alguien más, es fría e inexpresiva.

La chica comienza  a hervir de enojo y arremete contra él, lanza bofetadas y le araña el rostro.
El primer impulso de él es golpearla, utilizar la violencia para detenerla, frenarla de golpe. Pero una última pizca de decencia aún latente en su pecho lo detiene. Pero cuando la chica le araña un ojo, acción que lo ciega y hace que el ardor ascienda como veneno hacia su rostro, le propina una bofetada, lo cual la detiene en seco, hace aflorar una lágrima en su ojo y le enrojece la mejilla.

La chica permanece con expresión de desconcierto, mirando asustada al chico, el cual observa su mano con una especie de repudio que no tarda en convertirse en una oscura fascinación.

Entonces, en medio del estupor que se ha elevado como bruma mística entre ellos, aparecen tres siniestras siluetas en la entrada al callejón que los devuelven a la realidad.

Son tres sujetos, el más bajo de ellos, el que permanece al frente y es a todas luces el líder, le hace un ademán con la cabeza a la chica para que se largue, para que deje a los hombres jugar a solas.

Los tres sujetos, no tienen más de veinte años, lucen exactamente igual que él, cabello rubio cortado al estilo romano, bíceps tonificados, hombros más anchos que el promedio y ropa ajustada que deja entrever la buena condición física que poseen. El líder se adelanta hacia el chico con paso firme y seguro y sin aviso alguno le asesta un incitante puñetazo en el rostro que no hace sino prender la chispa que enciende la  agresividad contenida que ruge en su interior, explotando como si fuera un barril de pólvora.

lunes, 29 de octubre de 2012

Skinhead.

Los puños del chico caen como rocas sobre el rostro de aquel patético sujeto. Su cabello, teñido de rubio para ocultar su secreto y cortado al rape, al estilo romano brilla bajo el cobijo de la tenue luz de la farola de la calle que alcanza a colarse hasta el callejón.

Después de tumbar al sujeto con un fuerte puñetazo directo en la nuez, se sentó a horcajadas sobre su pecho, y sus puños, furiosos e infatigables como olas batientes llevaban casi un minuto descargando su ira contra el rostro del sujeto.

No sabía por qué había comenzado a golpearlo, algo en él le había molestado, pero no recordaba el qué. Sus lagunas mentales, los episodios en que su mente consciente simplemente se desconectaba de su sistema, eran cada vez más frecuentes, y cada vez iban acompañados de arranques de violencia más severos.

El tipo que yacía inconsciente bajo su cuerpo, bien podía ser un negro, o un judío, o un marica, daba lo mismo, lo que importaba es que su sola presencia era suficiente para molestar al chico.

Golpear a alguien no se parecía en nada a golpear el saco en el gimnasio, el dolor en los nudillos sí que lo era, pero lo demás, el éxtasis que conllevaba el lastimar a alguien más al tiempo que uno mismo se dañaba los nudillos, la sangre entremezclada de ambos y los gemidos de dolor confundiéndose con los suyos de agitación y excitación casi sexual, hacían estas dos experiencias completamente diferentes.

Finalmente se pone de pie, con los puños envueltos en una sábana de sangre. El tipo aún respira, pero hace tiempo que se desmayó, el rostro desfigurado por la hinchazón y las cortadas le produce asco, así que simplemente hace una mueca, mira con desagrado y por última vez al infeliz que tuvo la desdicha de cruzarse en su camino en esa solitaria noche, da media vuelta y echa a andar, dejando atrás ese encuentro violento, y sintiendo bullir ahora en su interior, a la altura de la entrepierna el cosquilleo por la anticipación del encuentro que está a punto de tener con la chica que conoció esa mañana, la que parece estar loca por él y por sus delirios de grandeza, delirios que siempre van acompañados de una profunda convicción de superioridad cuando se compara a sí mismo con el resto de sus congéneres.

sábado, 27 de octubre de 2012

Skyler Harkonnen.

La ira amontonada, apilada como toneladas de basura en su interior, no lo abandonó ni siquiera en su lecho de muerte.

Sólo hay una persona que pudo haber hecho que dejara a un lado su odio, su infatigable sed de venganza. Su esposa; Skyler.

Pero la mala suerte de los Harkonnen lo perseguía, iba detrás de él como el cazador más implacable.

Cuando Blur la conoció, ya había perdido toda esperanza de encontrar una mujer por la que valiera la pena luchar o sentir algo más que una lujuria pasajera más propia de un animal que de un ser civilizado. Ya se había resignado al destino de ser un lobo solitario, a no sentir pertenencia jamás en ningún lugar.

Cuarenta años tenía él en ese entonces, ella apenas veintiocho, la conoció cuando estaba de caza en la helada y solitaria estepa. En el instante mismo en que sus ojos posaron la mirada en los de ella -de un verde helado y penetrante-, supo que esa mujer sería su esposa.

Tras su primer encuentro, la fricción causada entre ellos fue tal que ambos se marcharon odiándose mutuamente. Quizá fue porque los dos eran igual de obstinados y tenían demasiadas cosas en común.

Un año después se encontraron nuevamente, en la fiesta de un primo de Blur, y entonces, recordaron esa aventura, y con el lubricante armonizador del alcohol, platicaron hasta que amaneció, llegaron a conocerse y al final terminaron riéndose de aquel desastroso encuentro. Al despedirse, ambos admitieron la atracción física que habían sentido por el otro desde el primer instante, y como dos adolescentes se envolvieron en un apasionado beso, y la despedida se convirtió en un viaje al hogar de Blur, donde se amaron intensamente, dando rienda suelta a sus deseos, y ese mismo día, Skyler quedó embarazada de su primer hijo.

Pero como era de suponer, la mala suerte no se hizo esperar, y un par de años después del nacimiento de su segunda hija, una hermosa niña que había heredado el cabello de un frío negro y las cejas anchas y seductoras de su madre, la misma plaga que se había llevado a su abuelo, puso fin a la vida de Skyler, la única mujer que Blur amó en toda su vida.

La plaga que se presumía habían plantado los Atreiddes para acabar con el linaje Harkonnen, para borrarlos del árbol genealógico de la realeza, para evitar su futuro retorno al imperio.

Así que aunque por unos años los deseos de sangre y venganza parecieron desalojar su alma, una vez que su esposa hubo muerto, en su momento de mayor vulnerabilidad, cuando su fe se tambaleó y su bondad terminó por hundirse en un pozo gélido de agua mortal, lo único que mantuvo con vida a Blur, lo único a lo que supo aferrarse con la poca fuerza que le quedaba, fue al deseo de venganza, el cual era como fuego que él alimentó con su propio dolor que era la leña más incendiaria que pudiera existir.

La herencia de dolor y revancha lo había sobrepasado, era el único legado que había dejado a sus hijos.

Ahora, a las puertas de la muerte, en el umbral del infierno, o el paraíso, realmente no sabía cuál de los dos le aguardaba, se preguntaba si había hecho lo correcto, si no debería haber intentado que el legado de odio terminara con él. Pero no hay nada que pueda hacer ya. Sus hijos llevarán plasmado el deseo de venganza en sus ojos el resto de su vida. Al igual que él durante la suya.


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Esta historia continúa en:



Capítulos anteriores:



Nota del Autor:

¡¡¡Si están pensando en leer La Yihad Butleriana no lean lo que sigue, so pena de Spoilers!!!

El suceso tan terrible es este: El robot Erasmo, enojado por el cambio de actitud en el temple de Serena al convertirse en madre, toma a su bebé, y en una especie de ejecución publica, lanza al bebé al vacío desde su balcón.

Cientos de humanos esclavizados ven esta horripilante escena, la muerte de un bebé inocente a manos de las máquinas, la muerte de Manion Butler. Un niño al que todos querían, ya que desde la llegada de Serena a la Tierra, ésta se las había ingeniado para convencer a Erasmo de mejorar la calidad de vida de los esclavos.

¡¡¡Aquí terminan los spoilers!!!

Así es como miles de humanos (envalentonados al ver que Serena ataca a Erasmo, a un robot, con sus propias manos), se levantan en armas guiados por Iblis Ginjo sin importarles morir en el intento.

Vorian Atreides reacciona rápido, y en medio de la masacre y el fuego, saca a Iblis Ginjo y a Serena Butler del planeta, sabiendo que esa es una batalla perdida. Las máquinas están masacrando a los humanos por millones, pero aún así, la chispa de la rebelión, de la Yihad ya se ha encendido.

Toman rumbo hacia Salusa Secundus, donde se encontrarán con un atribulado Xavier Harkonnen...

miércoles, 24 de octubre de 2012

Síndrome de abstinencia.

.-Conjunto de reacciones físicas o corporales que ocurren cuando una persona con adicción a una sustancia para de consumirla.
Pero para él es mucho más que eso, cada minuto que pasa lejos de ella conlleva una agonía incesante, un grito de dolor amarrado a su estómago, incapaz de ir más alla de la garganta. No es sólo un dolor físico o emocional, es la unión de ambos, un total que resulta mucho más doloroso que la suma de las partes.
Abre los ojos, sin saber dónde se encuentra, sin saber qué ocurrió, con un hacha clavada en el tronco de sus recuerdos partiendolos, sólo recuerda la añoranza, la nostalgia, una devastadora sensación de pérdida, de abandono mezclándose con el alcohol, corriendo como relámpago por su torrente sanguíneo, elevándose hacia el cerebro para finalmente hacer corto circuito, llevándolo directamente a donde se encuentra ahora.
Un bosque vacío, ¿o es un parque extremadamente grande? como sea, hay muchos árboles y el frescor de la noche aún no huye por completo del ambiente. Sólo ella, su rostro, ojos grises, los cuales adopta el color del entorno, piel tersa, blanca, nívea, contrastando cabalmente con el negro azabache de su cabello. El conjunto de sus rasgos la convierte en algo más que una diosa; una semidiosa. Una criatura que en la antigua mitología era más bella y poderosa que una diosa, ya que guardaba todos los misterios de la mortalidad y la carne dentro de sí, pero potencializados por una divinidad enigmática, confiriéndole una belleza tal a su cuerpo físico, que las diosas no podían más que sentir unos celos y un odio despreciables hacia ellas.
Pero tiene que concentrarse, dejar de sentir dolor, de autocompadecerse y tratar de recordar. Tiene que salir de ahí lo antes posible, un mal presentimiento comienza a extenderse por su cuerpo como la nube que ensombrece de pronto la Tierra, convirtiendo el día en noche, trayendo consigo las viejas supersticiones, los antiguos miedos.
Se pone en pie y observa su ropa, una camisa arrugada, un pantalón lleno de tierra y en un pie hace falta un zapato. La angustia de encontrarse de nuevo con la soledad lo ha hecho amistarse con el whisky, y ahora paga las consecuencias. Comienza a andar, pero el tobillo izquierdo duele demasiado, así que tiene que renquear.

domingo, 21 de octubre de 2012

Sólo Ella.

Los recuerdos fueron desvaneciéndose junto con el dolor, mientras la vida se esfumaba fuera de ella.
La chica observó por última vez su rostro en el espejo. Cabello rojizo largo y sedoso, unos ojos verdes le devolvieron una mirada vacua, pero embargada por el resentimiento. Justo antes de caer en la negrura de la inconciencia, la fría noción de lo que ha hecho es como una ola de dos metros golpeándole directamente el rostro, tumbandola y revolcándola dentro de un mar de agua salada, rasposa que se le cuela por nariz y boca, rasgándole las paredes de la garganta.
Las palabras atragantadas de un perdón que jamás saldrán de su boca son lo único que le duele en esos fatídicos segudos. La ténuey vaga luz del foco que parece irse disipando en la inconciecia hace brillar de forma antinatural el brillante grafito de la llave del lavabo, del cual suge un gorgoteante chorro de agua que se desvanece por el drenaje, llevándose consigo la sangre de olor metálico, llevándose la vida de ella.
La chica deja caer la fría navaja sobre la baldosa, sus miembros empiezan a no responderle, la sensibilidad se va, pero junto con ella tambien el dolor, y agradece que así sea.
       Se aferra a los últimos recuerdos que son como jirones gigantes de una fina tela que poco a poco va desapareciendo. En la habitación contigua, las noticias suenan a todo volúmen, ¿o son acaso videos musicales lo que suena? Da igual, en pocos segundos todo habrá acabado.
      Los sentidos se esfuman, desaparecen, sus piernas se vuelven de plastilina y la chica cae al suelo. El tapete de la regadera queda barnizado en sangre, a su madre eso no le gustará, odia que hagan desastres en la casa, que la ensucien. Piensa en esto último y levanta el brazo, lo mueve decontroladamente, para dejar un rastro de sangre por doquier, para que la mancha de su dolor abarque la mayor área posible.
      Finalmente, su alma se retrae, el dolor desparece y los recuerdos se evaporan cual fino vapor en la negra noche.
Negrura. Si es todo lo que queda entonces no está tan mal, no hay felicidad, ni luz algúna al final del túnel, pero al menos tampoco hay dolor, ni contrición. Sólo soledad.

sábado, 20 de octubre de 2012

Violencia,et,literatura.

Sangre, visceras, senos, terror, gritos, oscuridad, ajuste de cuentas, ceguera, disturbio, hambre, tsunami, tu muerte, mi muerte, futilidad, guerra, desamparo,violencia, alarido, golpe, nudillos, más sangre, aún más violencia, pánico generalizado, horror, histeria colectiva, robos masivos, hurtos, apuñalado, ríos de sangre, descerrajar un tiro en el pecho de ese bastardo, una bala perdida le ahueca el cráneo, la muerte se cierne sobre nosotros, impotencia,i ncertidumbre, miedo, sed, más sangre, no sabemos qué podemos hacer, ¿acaso hay algo que pueda hacerse?. Y la respuesta más obvia, omnisciente, siempre imponente e inmutable: NUNCA.
Una hoja en blanco; un universo inexplorado.
Llenarla de atrocidades, de descripciones vacuas que sólo remiten a la violoencia parece un sacrilegio, una profanación a lo que debería ser la literatura.
O quizá eso es la literatura, no es otra cosa sino nuestros más oscuros sentimientos, nuestras más lejanas perversiones, lo que intentamos mantener al márgen, plasmados sobre una hoja de papel. Todo aquello que odiamos y a lo que le tememos convertido en una ficción inocua sobre un trozo de inofensivio papel.

martes, 16 de octubre de 2012

Path of a Villain. (TK)

El camino de un villano, aunque paralelo al del héroe, invariablemente tiene su inicio en el mismo punto.

Muchas veces es el mismo camino. Una simple bifurcación en el sendero, es todo lo que se necesita para separarlos, para volverlos rivales a muerte.

Quizá incluso, un villano no puede convertirse en tal si antes no recorrió una larga brecha en el trayecto del héroe. Tal vez sólo cuando un héroe es golpeado, aplastado, y pisoteado una vez tras otra, cuando ha visto la futilidad de ser noble, la inutilidad de tener las mejores intenciones, entonces y sólo entonces es capaz de abrirse paso por un sendero más oscuro; el camino del Villano.

Tk. Todo lo que se necesitó para que la humanidad comenzara a planear nuevas formas de pelear, de destruirse entre sí. Pero terminó siendo nada más que una atracción de circo que sólo un pequeño porcentaje de la población mundial poseía.

John Lucen acaba de salir de prisión, su sistema se encuentra en el estado más puro, no hay toxinas que nublen su juicio, ni grasas que alenten sus procesos corporales.

Seis años de intenso ejercicio, junto con la ira arremolinándose en su cerebro y corazón. Hace seis años que no usa su telequinesia, en prisión hubiera sido peligroso  hacerlo, los guardias le habrían echado el ojo y la vigilancia sobre él habría sido aún más severa.

      Su mente y cuerpo están totalmente sincronizados. Seis años sin hablar casi con nadie, sin preocuparse de nada que no fuera ejercitarse el mayor tiempo posible, tratar de sacar lo mejor de las interminables horas en esa solitaria y mortalmente aburrida celda de dimensiones reducidas, con la capacidad de volver loco a cualquiera de mente débil.

Pero también pasó seis años acumulando ira, una nube roja que parecía palpitar dentro de las paredes de su cabeza, un odio que no se alejaba jamás, se había vuelto un oscuro acompañante, siempre presente, siempre siniestro.

       Observa las altas paredes de su enorme piso, el cual se encuentra cubierto por capas industriales de polvo acumulado durante los seis años de abandono.

       Su telequinesia nunca fue nada espectacular, al igual que la del resto de gente que la había desarrollado en los últimos años, pero algo en su interior le llamaba a probarla, más bien era como un grito persistente de locura dentro de su cabeza. Una voz que ya no soportaba el haber tenido que privarse del uso de la telequinesia durante tantos años, una voz que anhelaba sangre, violencia.

       Una botella vacía de cerveza permanece de pie sobre la mesita de centro frente al sofá en el cual se encuentra sentado. Lo más que cualquiera puede hacer es mover unos centímetros los objetos livianos, hasta ahí llegó la evolución de la telequinesia.

Lucen se concentra, frunce el ceño y cuando estira la mano, en un ademán intuitivo, para guiar la mano invisible de energía que sale de su cerebro, la botella no sólo se mueve, sino que es golpeada por una increíble onda de energía. La botella estalla en mil pedazos y John Lucen se queda petrificado en su asiento, incapaz de asimilar lo que acaba de suceder.

domingo, 14 de octubre de 2012

Prisoner number 60CXXS9, John Lucen.


Prisoner number 60CXXS9, John Lucen.

Sentence 10 years, up for parole in six.

El camino de un villano inicia, invariablemente, con el deseo de convertirse en héroe.

Pero los deseos no siempre se vuelven realidad.

Incluso un romántico empedernido, puede convertirse en un asesino despiadado.

Sólo hace falta el número suficiente de rechazos.

Un número que supere la capacidad del héroe de sobreponerse.

Un número que lo abrume, que arranque de cuajo todas sus ilusiones.

Hasta que se insensibiliza, hasta despojarse de una vez por todas de su humanidad.

Queda un cascarón vacío, un cuerpo sin alma.

El recipiente perfecto para el villano, el desalmado que acabará con la ciudad.

Su torso asciende una y otra vez, mientras el sudor recorre su piel.

Con cada abdominal que realiza, la adrenalina bombea con más fuerza.

El corazón se le acelera.

Un festín de violencia y lujuria desencadenadas late en su mente.

Solía escribir cartas de amor, poesía.

Ahora es el sujeto que se ejercita en su celda a las dos de la madrugada.

El cabello cortado al rape, al estilo romano.

En una pelea es mejor que no puedan agarrarte del cabello.

Hace tiempo que los sentimientos abandonaron su espíritu.

Los reemplaza con dolor.

La adicción a sentir dolor se ha vuelto parte de él mismo.

Si el cuerpo no le duele al final del día, si no siente que algo está a punto de romperse.

No puede ir a dormir.

La única forma de dormir es cayendo exhausto.

Que el cuerpo caiga rendido, es la única forma de no soñar.

De no pensar en ella.

De no pensar, ni sentir, ni recordar.


sábado, 13 de octubre de 2012

La leyenda de Judas. (2)



Cáyó en la trampa, cometió la traición que ensuciaría su nombre para siempre. El odio lo había cegado, el creador había vuelto al paraíso y se regocijaba ante la visión de su venganza finalmente culminada.

El odio y el rencor habían cegado el corazón de Judas, había vendido al amigo de su infancia, sin percatarse de que eso era exactamente lo que jesus quería, una trampa mortal en la cual había caído sin percatarse siquiera de que caminaba hacia ella como la débil presa ante la trampa de un diestro cazador.

Judas alza la vista y mira hacia el cielo. La pálida luna desprende una luz plateada que le confiere un brillo sobrenatural a su piel.

El fuego eterno, quemante como hielo sobre la piel desnuda abrasa a cada instante las piernas de Lucifer, mientras observa impotente los acontecimientos que suceden en la Tierra. Puede ver cómo dios se ha librado del cuerpo mortal, dejando en su lugar un cascarón vacío, un cuerpo que recibirá múltiples torturas a manos de los romanos -un cuerpo carente de alma, incapaz de sentir dolor alguno-,torturas que la historia será incapaz de olvidar y de las cuales culparán por generaciones, incluso milenios, a su último hijo.

Judas, en un último intento de redención, abraza con valentía a la muerte. En el borde del río, se erige un imponente sauce. Judas ata una cuerda a la rama más robusta, para que esta no ceda ante su peso, le hace un firme nudo a la cuerda, el cual no deberá desatarse por nada, pasa el cuello a través de él y se cuelga y su alma roza los fríos dedos de la muerte.

Lucifer mira con los vestigios de lo que alguna vez fueron unos ojos celestiales cómo en el instante justo en que el corazón de Judas deja de latir, dios rechaza su alma del paraíso, devuelve el alma de Judas a un cuerpo en el cual ya no late un corazón y finalmente, rompe la rama de la cual cuelga el cuerpo de Judas, para después lanzar una maldición. Inmortalidad. Junto con la sed insaciable de sangre.


La piel de Judas adopta el color de la luna, la palidez de la muerte; los afilados, largos y sobrenaturales colmillos, herencia del mismo Lucifer, cobran vida, fuerza, se tornan anhelantes.

En ese instante, el creador maldice por igual a los dos hijos de Lucifer, tanto a Caín -el eterno errante-,como a Judas a vivir por siempre alimentándose de sangre inocente, sin poder morir jamás, velándoles el paraíso, aprisionando para siempre sus almas en cuerpos muertos, de una piel nívea que emula la pálidez de la muerte.

         El resentimieto ha comenzado a agrietar los últimos restos de humanidad que le quedaban a Lucifer, la paz que conoció como ángel y la pasión desbocada que descubrió al volverse mortal están desapareciendo del todo, dejando en su lugar una única y violenta pasíón, el deseo de dolor, de ver sufrir al creador.

El deseo de venganza se apodera de él, un ansía tan fuerte que hace vibrar cada rincón del infierno, haciendo que todos sus habitantes sientan el dolor de Luifer como propio.


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Siguiente capítulo:

Mi alma murió


Capítulos anteriores

La Leyenda de Judas (1)

El Exilio de Lucifer

Preludio: Origen

Lucifer

La Leyenda de Caín

Mi alma arderá en el paraíso





lunes, 8 de octubre de 2012

La leyenda de Judas. (1)



Lucifer tuvo que observar impotente desde su nuevo reino, el infierno, cómo dios descendía de los cielos, encarnando en un ser terrenal, con el único propósito de manipular y torcer la mente mortal del último hijo de Lucifer: Judas.

Justo después de ser expulsado para siempre del reino divino, al ángel rebelde le fueron arrebatados los ojos físicos y el creador le devolvió sus antiguos ojos divinos, sólo para que pudiera contemplar como el nombre de su heredero sería mancillado, cómo dios lo convertiría en un villano que la historia  jamás olvidaría.

El pequeño Judas y su hermana gemela, Jimena, nacieron en una noche sin luna, de mal augurio, bajo un cielo tachonado de brillantes estrellas rojizas que parecían juzgar a los niños  aún antes de que pudieran siquiera caminar. Por alguna razón, el creador se compadeció de la niña, y el único castigo que le impuso fue el separarla de su familia; su madre y su hermano, y la sentenció a llevar una vida larga y penosa, pero al morir, ella sería la única en ser admitida en el paraíso.

domingo, 7 de octubre de 2012

El exilio de Lucifer.




La sentencia fue clara, eterna e inamovible.

Lucifer sería un paria, un marginado, jamás volvería a pisar el paraíso, la entrada en él le estaría prohibida por toda la eternidad, así como a todos aquellos humanos en los que por sus venas corriera la sangre del ángel rebelde. La estirpe de Lucifer estaría destinada a vagar eternamente por la Tierra, sin poder alcanzar jamás el descanso que los demás encontraban en la muerte. Sus hijos a partir de ese momento, el final de la Gran Guerra entre ángeles, sólo se reproducirían a través de la sangre, y vivirían de ella y únicamente de ella, no conocerían ya más el placer de la comida ni la bebida, sólo sangre.

El nombre de su último hijo, quien estaba a punto de nacer, sería maldecido por la historia, se convertiría en sinónimo de traición y cobardía hasta el final de los tiempos.

       Su antiguo dios, con quien Lucifer había discutido amorosamente y de quien había aprendido tanto, ahora lo mantenía postrado, en una posición que no hacía más que evidenciar la derrota que acababa de sufrir. Había transportado a los últimos ángeles rebeldes, encadenados y vencidos hasta el límite del paraíso, el lugar donde la eternidad se confunde con el caos y el final de los reinos se une con el cielo.

Estaban hincados, con la cabeza gacha viendo directamente hacia el precipicio, un precipicio tan hondo y vasto que los ojos de Lucifer -aunque mortales, eran excepcionalmente más poderosos que los de un humano cualquiera-,  carecían de la habilidad de ver el final al abismo.

Después de la sentencia, vino la ejecución del castigo. Fue simple, doloroso y eterno.

Entonces el creador, adoptó una forma humana, la forma del padre, y con rabia y poder mezclados, fue arrojando del cielo uno por uno a los ángeles subversivos hasta que sólo quedo Lucifer.

-Primero serás desollado- sentenció con una voz que retumbó en ecos que tardaron minutos en desaparecer del paraíso-. Y dado que te gusta tanto tu forma física, ni tu ni los otros ocho ángeles podrán jamás escapar de esos cuerpos.

Y sin decir más, unas manos invisibles, ardientes y poderosas le arrancaron la piel del cuerpo. El dolor fue agonizante, mientras Lucifer observaba cómo trozos enteros de piel le eran arrancados como por arte de magia, dejando al descubierto la carne al rojo y los músculos vibrantes, llenos de sangre, deseo desmayarse, sólo escapar de ahí. Pero eso era imposible, sabía que jamás podría escapar al dolor, Él no se lo permitiría.

-Estás acostumbrado a ser hermoso, tu forma terrenal era la de una divinidad, pero ahora, el castigo por tu soberbia, será convertirte en lo contrario, serás aquella criatura que anida en las pesadillas de los mortales más depravados, ningún mortal podrá verte jamás sin abrazar en ese mismo instante la locura- las últimas palabras que el creador le dirigió fueron frías, impasibles y llenas de rencor.

Acto seguido, tocó la espalda de Lucifer y fue como si millones de ardientes agujas se hubieran deslizado desde su piel hasta lo más hondo de sus entrañas. Su forma física comenzó a cambiar, se ensanchó, las piernas se volvieron las de un animal, el macho cabrío, unos cuernos deformes comenzaron a golpear las paredes de su cráneo, pujando por salir a la superficie, su cara se deformó en una mueca espeluznante. Sus alas se tornaron negras y antes que la metamorfosis hubiera terminado, dios lo pateó hacia el abismo, hacia la nada, expulsándolo para siempre del reino divino.

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Siguiente capítulo:

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Lucifer

La Leyenda de Caín

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martes, 2 de octubre de 2012

Lucifer.



Postrado ante los pies de un dios emperador tirano, se encuentra Lucifer, derrotado, vencido y sangrante.

Las rodillas del cuerpo mortal que ha adoptado parecen adheridas al suelo de fría piedra sobre el que está hincado. La sangre derramada en la batalla corre por el suelo a raudales, la sangre de legiones de ángeles. Sus manos atadas tras su espalda mediante cadenas eternas, carentes de final; no se puede matar a un ángel, pero sí puede ser capturado.

Se encuentra cabizbajo, el negro y espeso cabello cubriéndole la frente, los músculos de su torso y brazos en tensión contra la piel. Una cicatriz abierta, le recorre el rostro, desde el extremo derecho de la frente, bajando por su ojo, atravesando el tabique nasal destrozado y yendo a morir a la comisura del labio en el lado izquierdo de su rostro. Otra herida igualmente profunda, que deja entrever el hueso, le atraviesa gran parte del torso, a un costado del pecho, ahí es donde fue tocado por la ira de dios. Finalmente, sus alas blancas, resplandecientes, hermosas,  se elevan rebeldemente tras su espalda, con total arrogancia, negándose a encarar la derrota.